13/5/16

CRÓNICA NEGRA MIERENSE: El crimen sin resolver de Ujo (1999)

Nueve de la mañana del lunes 20 de septiembre de 1999. Como cualquier otro día, Ramiro Valdés había ido a atender el ganado que tenía en un prado en la zona conocida como Cruz Ningüilbu, en lo alto de la Sierra de Diego, en Ujo.
Tras haber hecho las correspondientes labores, Ramiro se subió a su todoterreno, un Suzuki Santana, dispuesto a emprender la vuelta a casa. No llegó apenas a moverse ya que una bala impactó en su pecho tras haber roto la luna lateral izquierda de su vehículo. Tras ello, el autor de los hechos volvió a dispararle, esta vez a la cabeza.
*Recorte de "La Nueva España", de septiembre de 1999.
Lo alejado de la zona ocasionó que nadie escuchase los disparos. Otro ganadero encontró el cuerpo de Ramiro, sin vida, en torno a las nueve y media, media hora después, según reveló la autopsia, de que ocurrieran los hechos.
Desde aquel momento las investigaciones se centraron en encontrar, por una parte, el arma del que habían salido los disparos (una escopeta de postas) y, por otra, al asesino.
Vecinos de la zona señalaron entonces que Ramiro era un hombre muy ordenado y habituado a seguir unos horarios (por lo que quien le disparó conocía perfectamente a qué hora subía a atender el ganado) y que había tenido algunas discusiones con algunos ganaderos de la zona, si bien nadie se atrevió a señalar que tales riñas fuesen el móvil del crimen.
Ramiro Valdés vivía en Cortina (de Ujo), tenía 71 años. Estaba casado y tenía un hijo. Tres días después de su asesinato era enterrado en el cementerio de Mieres, después de que la jueza instructora denegase a la familia la cremación del cuerpo.
Dicen que no hay crimen perfecto, pero el de Ramiro lo fue, ya que a día de hoy, diecisiete años después, sigue sin resolverse. La falta de testigos presenciales, así como el no haber encontrado el arma homicida y escasez de pruebas (apenas se disponía de las balas que acabaron con su vida y su coche) propiciaron que no se encontrara al asesino de Ramiro.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Preocupante que cosas como esta no se resuelvan nunca y su asesino ande suelto. Lo entendería en 1899, pero en 1999, casi 2000, no.

Anónimo dijo...

Mi humilde opinion es que en una zona alejada con poco movimiento de personas lo correcto seria acordonar para no destruir pruebas y que los sabuesos buscaran rastros..para ujo no escaparon porque serian vistos y la otra alternativa son los bosques que acceden al Valle de Cuna..normalmente el asesesino o asesinos esconderian el arma y creo que perros adiestrados harian una buena labor..¿ Se procedió así? No lo se pero lo dudo. Un saludo: JEROMIN.