9/6/17

LA TRIBUNA DE MONTERDE: Por los callejeros

El otro día tuve que llamar la atención a dos críos, de entre siete y nueve años, que se encontraban lanzando algo así como ciruelas o nisos verdes a un par de gatos que, atemorizados, trataban de escapar, metiéndose incluso en una especie de colector que hay en la zona y que se encuentra sin ventanas. Pero ni con esas los críos los dejaban en paz.
Los pequeños malhechores murmuraron algo por lo bajo (imagino qué) y se fueron. Los hechos tuvieron lugar al término de un conocido paseo del concejo. Más tranquilos, los gatos se acercaron a saludarme, les hice cuatro carantoñas y seguí adelante. Escasos metros más allá, en un murete del colector que les había servido de refugio, contemplé cómo en los dos ‘tuppers’ de la fotografía tenían comida (realmente, les quedaba poca) y agua. Me alegra ver que hay gente que antes de tirar las sobras piensa en estos animales. Unas semanas antes había visto cómo una pareja de jóvenes les llevaba comida enlatada para gatos, de esa que venden en los supermercados.
*Los dos recipientes.
Aplaudo a esa gente que se preocupa de estas criaturas, que para otros pasarían desapercibidas. Lo mismo ocurre en cierto barrio del concejo, donde son varias las personas que llevan comida a poblaciones de gatos que viven en la calle.
Los contrarios a estas prácticas argumentarán que pueden traer problemas de salubridad, aunque también las palomas, los patos del río, las ratas, los jabalíes… ¿Qué hacemos, nos cargamos toda la fauna que no pasa por el veterinario? ¿Existe alguna ciudad en la que sus animales callejeros estén debidamente controlados, con sus vacunas, antiparasitarios, chips y demás? Un no es la respuesta a ambas preguntas. Las ciudades, igual que tienen árboles y cemento, tienen colonias de animales callejeros. Es lo que hay.  
Seguramente habrá quien piense en la necesidad de esterilizarlos para controlar población. Volvamos a lo de antes y esterilicemos también a las palomas, a los patos del río o a las ratas (de los jabalís ya no hablo, que en Cataluña están comenzando a hacerlo). Es inviable, en términos económicos y materiales.
Así que, ante esto, para muchos un problema, solo quedan dos opciones: ignorarlos o ayudarlos, siempre desde el respeto, sin actitudes como la de esos niños con los que abría la tribuna. Bravo, una vez más, por los que optan por ayudar. 

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Los animales salvajes son igual de insalubres que las personas. No es la primera vez que alguien me tose a la cara o que hace algo peor (y lo peor es que saben como evitarlo). Es más probable que me contagie otra persona su enfermedad a que lo haga un gato (u otro animal) que ni se arrima a mí.

Anónimo dijo...

Creo que sé donde es el sitio ya que yo también he visto a gente llevarles comida de esa que viene en botes. Son unos gatetes muy majos, bien cuidados y con un pelaje brillante y muy suave. Son callejeros porque viven en la calle, pero por lo demás están guapísimos y son muy mimosos.

Anónimo dijo...

En La Villa había una importante colonia de gatos que campaba a sus anchas por la parcela que hoy es un área de esparcimiento canino. Desaparecieron sino todos, casi todos. No quiero decir más.

Eva dijo...

Yo tengo llevado algo a los de La VIlla, sobretodo en época de navidades y celebraciones así que te sobran huesos y cáscaras de pescado que no sabes que hacer con ellas y sí que es verdad que ahora no se ven tantos gatetes como había.

patricia dijo...

Yo soy una d las que les lleva comida d lata y granulado,son dos latinos color naranjita y son super cariñosos,yo vy cn mi hija de tres años y medio,la cual les da mimos y ellos s lo aagradecen,ya podría haber más gente q las hay,que trajeran más cosinas.Gracias