23/2/18

LA TRIBUNA DE MONTERDE: ¡Basura va!

Eran algo menos de las ocho de la tarde de un día de mediados de febrero. Noche cerrada. Un servidor caminaba por el tramo del paseo del río San Juan que se observa en la imagen. De repente, escuché un golpe brusco contra el agua. No le di mucha importancia, pues pensé que se trataría de algún pato chapoteando en el agua. 
*Edificios de la calle Riosa próximos al río San Juan.
Continué caminando y apenas unos segundos después vi salir disparado de una de las viviendas de uno de los edificios que aparecen en la imagen y que miran al río, un envase de grandes dimensiones. Mismo ruido que en la anterior ocasión. Esta vez sí miré al cauce: era un frasco de gel de ducha, de los grandes. Miré a los bloques buscando el piso del que había salido el bote, pero no pude dar con él. No había nadie en las ventanas, ni luces encendidas, ni nada que me permitiese saber desde que bloque y desde qué piso había salido disparado el envase.
Intrigado, seguí andando y decidí esconderme tras los setos del Juan XXIII que dan al río, esperando nuevos lanzamientos. No tardaron en producirse. Tres objetos más fueron arrojados al cauce. Pese a que lo grabé con mi teléfono, la calidad del vídeo, por la distancia y la oscuridad, no es muy buena y apenas se aprecian los disparos. Posiblemente más envases, a juzgar por las dimensiones y los sonoros golpes contra las aguas del San Juan. Tampoco se encendió luz alguna que me permitiese más o menos localizar los lanzamientos a una determinada altura de un bloque concreto.
Unos días más tarde, con luz, volví a dar un paseo por la zona. Me sorprendió un detalle que también se aprecia, si se agranda, en la fotografía: los contenedores del barrio se sitúan justo detrás de los bloques, al comienzo de un vial que comunica la calle Riosa con un pequeño aparcamiento situado en la otra orilla del río San Juan. Echando cuentas, el autor de los lanzamientos de basura tendría que haber empleado, como mucho, dos minutos de su vida en bajarla al contenedor, contando que tuviese que bajar y subir por las escaleras, ya que los contenedores están al lado, como quien dice, de los portales.
*Frascos y botellas flotando en el río.
Hablando con el equipo del blog de cara a preparar este artículo, me sorprendió que, según parece, estos lanzamientos de basura ya fueron comentados por algún lector al hilo de otras publicaciones de esta página. Viendo que el problema viene de lejos, no entiendo que aún no se hayan tomado medidas al respecto. No quiero ni pensar qué pasaría si, por ejemplo, un vecino de la calle Manuel Llaneza comienza a tirar basura por la ventana. No tardaría en aparecer alguien que llamase a la Policía y es muy posible que le cayese una multa. Saldría en la prensa al día siguiente. Sin embargo, cuando la basura se tira a un río, como es el caso, no pasa absolutamente nada pese a que el río, como la calle, también es de todos. Basta con echar un vistazo a sus aguas para ver que por lo general, papeleras y contenedores se usan mucho menos de lo que se debería. Se usan poco pero es innegable que tolerando conductas como esta de la que he sido testigo, el problema no se ataja, sino que se agrava. Soy optimista y pienso que con algo más de vigilancia y ganas es posible aún acabar con problemas como este.

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