20/4/18

LA TRIBUNA DE MONTERDE: Polígonos para aprender a conducir

Decía con cierta ironía José Manuel Pérez Fernández, experto en urbanismo al que he tenido la suerte de escuchar en varias ocasiones, que Asturias es la región de España con más polígonos para aprender a conducir. Sí, polígonos con una ocupación y producción ínfimas, fruto a veces de reconversiones industriales fallidas o de los estragos de la crisis, que solo sirven para que los chavales que están sacando el carnet de conducir vayan los fines de semana con sus padres a dar unas vueltas con el coche. En Mieres no nos libramos de ello, y el más claro ejemplo es el polígono industrial de La Cuadriella, enclavado en el centro del valle de Turón.
Vista del fallido polígono industrial de La Cuadriella
15.000 metros cuadrados de superficie, gran parte de los cuales construidos tras el cierre de las minas del valle, con el objetivo de evitar que la industria y el empleo se resintiesen en la zona. 15.000 metros cuadrados en los que se asentaron diversas empresas, en su mayoría con ayudas económicas procedentes de fondos mineros, que acabaron en concursos de acreedores y figuras análogas, con sus naves e instalaciones embargadas y puestas a la venta, sin éxito, por los bancos. Hoy en día el polígono solo tiene una empresa funcionando. Por el camino se quedaron Umaña, Diasa Pharma y una larga lista de nombres de empresas que desaparecieron dejando gente en la calle y deudas, muchas deudas. Hoy por hoy el polígono de La Cuadriella se usa solo para conducir (de hecho, hay autoescuelas que lo usan para aprender a sus alumnos a manejarse con la moto) y como aparcamiento para vecinos de la zona y algunos camioneros que hacen que a veces parezca un área de descanso. Las aceras no se ven ya gracias a la maleza que las invade y que lo muestran todavía más como un polígono fantasma.
¿Qué falló? Muchas cosas. Falló, para empezar, el tipo de empresa para la que se pensóel polígono. Quizás hubiera sido mejor apostar por pequeñas empresas, en vez de medianas y grandes empresas como lo fueron Umaña o Diasa Pharma. El polígono de Vega de Baiña es la muestra clara, con sus naves nido, de que a la larga, esas pequeñas empresas han funcionado y algunas de ellas, incluso, han crecido, con negocios de toda la vida: carpinterías, talleres, fontanerías... Seguro que en Turón, con más actividad comercial que la zona de Baiña, también hubiera funcionado un sistema parecido de naves nido. También falló la política de poner las cosas fáciles, demasiado fáciles, a aquellos que optaron por instalarse en La Cuadriella, dando fondos sin prever, por ejemplo, garantías claras de devolución de lo recibido en caso de que la empresa acabase mal, como acabaron muchas de ellas.
Sé que el tema de los fondos mineros y todas estas empresas fallidas es uno de los más espinosos de la historia reciente de Mieres, y que se ha tocado en muchas ocasiones en la prensa, pero no he podido evitar escribir algo después de dar una vuelta el otro día por el espectro del polígono de La Cuadriella, otra muestra más de lo que pudo haber sido y no fue. 


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