Les decía hace unas semanas que este verano he recorrido el concejo de punta a punta y creo que se va a notar en los primeros artículos de esta temporada, ya que tengo mucho material. Siempre digo que la calle es la mejor inspiración para quien escribe en un periódico y creo que puede aplicarse a quienes también lo hacemos en una web como esta.
Un día de finales de julio mi pareja y yo decidimos perdernos por Turón. Dejamos el coche en el barrio San Francisco y subimos la escombrera de San José hasta llegar a la senda que conduce a Villapendi. Desde allí continuamos hasta Inverniego y de Inverniego seguimos a Villandio para bajar a Fortuna, comer, y continuar, por la senda, hasta desviarnos y subir a Urbiés. Volvimos en coche, el de una prima mía que vive Urbiés y se ofreció a bajarnos hasta donde teníamos el nuestro.
Me encantó el paseo, me encantaron los paisajes y me encantó ver que, pese a que era martes, nos topamos unos cuantos ciclistas y caminantes. ¡Ah! Y en Fortuna había aparcadas dos autocaravanas, imagino que de turistas que andaban por la zona.
Sin embargo, el buen sabor de boca que me dejó esta ruta, se vio ensombrecido por el escaso mantenimiento que observé en ella, ya desde el principio. En la escombrera de San José, que es un laberinto de pistas y senderos, no hay un mísero indicador, aunque los hubo, ya que todavía se ve algún poste. Desde allí hasta Inverniego no vi ningún indicador y de los tres tablones con mapas que vimos, dos eran ilegibles, por pintadas o por haberse borrado, con el paso del tiempo. Vale que hoy en día todos tenemos un GPS en nuestro móvil, pero tratándose de una senda, no está de más que haya indicadores sobre el terreno.
Mapas e indicadores aparte, la escombrera de San José tiene muchas barandillas podridas, por los efectos de la meteorología; la pista entre San José y Villapendi tiene baches para aburrir y el último tramo que hizimos entre Fortuna y la carretera a Urbiés, tenía maleza en abundancia, quizás por ser el menos transitado, ya que arranca con una señora cuesta que supongo no llevarán bien ni quienes van a pie ni quienes van en bici. Aun así, nos cruzamos con tres personas, y eso que eran las cuatro y pico de la tarde. Reconozco también que me sorprendió gratamente lo conservada que está la maquinaria que se puede ver en los puentes que tiene la senda, así como la casa de máquinas que se halla poco después de comenzar ese último tramo.
De vuelta a casa, me puse a reflexionar y de aquel ejercicio de reflexión acabó naciendo este artículo. Si yo que había hecho la senda varias veces, tres o cuatro, la última hace dos años, me sorprendí por los paisajes, las vistas y todo lo que ofrece esta vía, imagino que a los turistas y deportistas en general les pasará lo mismo. Qué grandísima inversión se dejó en Turón para hacer tantos kilómetros de sendas, ya que esta no es la única que recorre el valle, pues hay más, muchas de ellas con una dificultad baja, aptas para todos los públicos. ¿Por qué no se cuidaron lo suficiente? ¿Por qué ese mantenimiento tan pobre, por no decir inexistente? ¿Por qué otros concejos con sendas como esta que hicimos nosotros, que se mete de lleno en un Paisaje Protegido, el de las Cuencas Mineras, atraen a muchos más visitantes? ¿Qué le pasó a Mieres en general y a Turón en particular para no aprovechar esa naturaleza, a través del cada vez más popular turismo de sendas?
Imagino y entiendo que no es fácil mantener tantos kilómetros de rutas, pero paseando por esta senda se ve que no se va ni una vez al año a ver cómo están. Para que se hagan una idea, un poco más allá de Inverniego nos topamos con tierra y piedra de argayu sobre la senda que llevan allí más de dos años. Si se puede pasar es porque, como nos aseguraba un vecino, que topamos justo en ese punto, "quitamos los del pueblo varies piedres y limpiamos un poco". Creo que es como para reflexionar.
Álvarez


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