9/1/15

PEQUEÑAS SEMBLANZAS DE GRANDES MIERENSES: Pergentino Bernardo ('Jhonny Pistolas')

Pergentino Bernardo García Muñiz, más conocido como ‘Johnny Pistolas’, nació en un pequeño pueblo de Galicia en el año 1931. De muy niño se trasladó a Mieres con sus padres, en busca, como muchos gallegos, de trabajo.
Su padre lo encontró en lo que entonces abundaba en este concejo: la mina. Pocos años después de su llegada a Mieres, y de instalarse en Ablaña, Pergentino también comenzaba a trabajar en la mina, más concretamente, en el Pozo San Nicolás.
Como muchos otros mineros se aficionó rápidamente a uno de los pocos entretenimientos ‘baratos’ de la época: la lectura de novelas del oeste, novelas que se adquirían en kioscos a precio muy bajo y que muy a menudo se cambiaban como si se tratase de cromos. Sus favoritas eran las de Marcial Lafuente Estefanía.
*Pergentino, convertido en 'Jhonny Pistolas'.
Su afición por estas novelas le llevó a ponerse una camisa de cuadros, con su chaleco encima, un pantalón tejano estrecho y una cartuchera un tanto baja en la que colocaba su arma, un pistolón plateado similar a aquellos que tenían los héroes del oeste. No era, ni mucho menos, su único disfraz.
Con ese atuendo se convirtió en ‘Johnny Pistolas’, un ‘sheriff’ y pistolero inspirado en aquellas novelas del oeste que tanto le gustaban, que en la década de los cincuenta comenzó a ‘patrullar’, en sus ratos libres, las calles de Mieres. 
Pese a que en alguna ocasión se metió en líos (sobre todo cuando desenfundaba su arma, completamente inofensiva, ante gente que no lo conocía), Johnny era un personaje muy querido por los mierenses, en particular por los niños, a los que siempre daba caramelos y golosinas.
Jubilado de la minería, falleció el 16 de septiembre de 1997, a los 66 años, tras haber perdido la batalla contra una dura enfermedad. 
Su recuerdo aún permanece en la memoria de los mierenses. Sus vecinos de Ablaña lo han homenajeado con una escultura obra de Llonguera, situada en la parte trasera de las escuelas, en el barrio de Sanmaniego, en la que se incluye su rostro y el siguiente emblema: “A Johnny, amigo de todos”.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

yo soy uno de esos niños a los que jhonny sió alguna vez caramelos, un personaje peculiar y muy querido que tardará muchísimo tiempo en olvidarse.

Pluma Blanca. dijo...

Jonny era todo un personaje, querido por sus vecinos y amigo de los niños. Muchos no entederian hoy esa locura inofensiva que le hacia vivir en una realidad paralela, pero siempre de manera amistosa, sembrando a esta orilla del rio Caudal una sonrisavpor donde pasaba.
Es verdad que protagonizo alguna aventura digna de las novelas que tanto le gustaban, pero siempre salio victorioso.

Anónimo dijo...

Un recuerdu mui prestosu y mui guapu pa los neños qe tuvimos la suerte de conocelu. A les dos orielles del Caudal, que yera d'Ablaña.

Anónimo dijo...

Un recuerdu mui prestosu y mui guapu pa los neños que tuvimos la suerte de conocelu. A les dos orielles del Caudal, que yera d'Ablaña.

DIOGENES dijo...

Todos los que conocimos a Jhonny le recordamos con aprecio y una sonrisa y el que mas o el que menos podría contar una anécdota de el, yo os voy a contar una divertida.
Sucedió aproximadamente a finales de los setenta o principios de los ochenta. Unos amigos decidimos ir al cine Capitol a ver una película y en el pequeño descanso que daba antes del inicio salimos al vestíbulo a fumar un cigarro. Los que conocieron el Capitol recordaran que en el vestíbulo había dos sofás grandes; en uno nos sentemos nosotros, en el otro estaba una chica con una minifalda blanca y paseando de un lado a otro, Jhonny. Al rato, dejo de pasear, se acerco a la chica y le dijo: - Perdone usted señorita, no es por mi, es por la gente que la esta mirando, bájese la falda porque se le ven las bragas.... a continuación siguió paseando. La pobre chica se puso colorada como un tomate y tiraba como podía de la falda. Mientras, nosotros, ante la imposibilidad de contenernos, nos partíamos de risa por la ocurrencia de Jhonny y la cara que puso pobre chica.

Anónimo dijo...

pero bien que disfrutasteis de las bragas
Buena anecdota.