El último adiós a una persona fallecida era, hace más de medio siglo, un proceso distinto al actual. En unas fechas en las que la muerte cobra protagonismo a través de diferentes eventos y festividades, echamos la vista atrás para contemplar cómo era una necrológica de hace casi sesenta años. Tomamos como muestra a una mierense, Beatriz García Galán, fallecida en su casa de la calle Conde Guadalhorce, hoy calle La Vega, el 8 de diciembre de 1969. Es una esquela totalmente elegida al azar. Beatriz murió a los 62 años, por lo que, cabe pensar, había nacido en 1907 o en los últimos compases de 1906. Tipográfica y estilísticamente, la esquela de la difunta poco difiere de las actuales. Tras sus datos, su amplia familia, que abre "su apenado esposo" y al que siguen sus cinco hijos, tres nueras, dos hermanos, dos cuñadas, "nietos, sobrinos y demás familia". El ruego de la oración por su alma da paso a la información sobre el acto de despedida. Lo habitual en la época er...
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