14/10/16

PEQUEÑAS SEMBLANZAS DE GRANDES MIERENSES: César Rubín

César Rubín nació el 2 de noviembre de 1920 en El Yenu La Cuba, un caserío próximo a La Faidosa. Hijo de un trabajador de Fábrica de Mieres, César comenzó sus estudios en el colegio de las Dominicas, situado en Puente La Luisa, aunque los completó en una escuela situada en las proximidades de la vieja estación de El Vasco, en Mieres.
En ambas demostró ser un niño muy hábil a la hora de escribir, ganando diversos concursos de redacción. Con 15 años, en 1935, como muchos otros jóvenes de la época, se vio obligado a trabajar en la mina. Compaginó durante años su trabajo en la Mina Llamas con sus estudios en la Escuela de Facultativos de Mieres, convirtiéndose en vigilante de la misma mina, trabajo que desempeñó hasta jubilarse. En 1935 escribía, además, su primera novela, La molinera de La Llosaya, que sin embargo no fue publicada hasta 1998.
*César Rubín, en una imagen de 2004.
Paralelamente, y ya asentado en el mundo laboral, decidió centrarse más en su afición por escribir, dedicando entre seis y ocho horas diarias a tal afición. En 1972 publicó su primera novela ambientada en el mundo de la minería, Luz en las tinieblas, ambientada en el mundo de la minería y que estuvo a punto de ser llevada al cine de la mano del cineasta José Suárez. La muerte de Suárez dejó el proyecto en tablas.
Antología del carbón, una obra poética con la minería con telón de fondo, Jirones de mina, ensayo, o el Diccionario minero-astur fueron algunas de sus siguientes obras.
Involucrado activamente en la vida cultural del concejo, colaboró con diversas publicaciones, como el semanario Comarca y participó como jurado de varios concursos relacionados con la literatura. Tenía experiencia como participante, ya que ganó, entre otros, el premio Teodoro Cuesta con su novela Recuerdos, o la Medalla de Oro del Pueblo de Asturias con L’Esfoyaza, un poemario en asturiano, lengua en la que también escribió y que dominaba.
En 1989, ya jubilado, fue nombrado Personaje Camín de Mieres, en reconocimiento a su trayectoria, por el Ayuntamiento y Ablaña, tan presente en sus obras, le reconoció ese mismo año con el Abelania 89, galardón anual entregado por los vecinos.
Durante sus últimos años de vida disfrutó, además, de la montaña y la fotografía, dos de sus otras grandes pasiones.
Casado y con tres hijos, falleció en febrero de 2008, a los 87 años de edad, dejando como legado una larga lista de novelas, poemarios y relatos ambientados, en su mayoría, en el mundo de la mina, las romerías y las aldeas perdidas de los valles del Caudal, en los que él tanto disfrutó.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Leí algunas de sus obras. Para mí, mejor escritor que poeta.