Una cazuela de barro, con siete
manzanas rojas dispuestas de forma circular y salpicadas con algo que parece
purpurina, intercaladas con siete cigarrillos y siete guindillas. Todo ello,
sobre una base de arena en la que se insertan siete ramas de canela. La cazuela
se deja sobre un mantón de color negro que a su vez recubre una tela roja, como
las manzanas. En torno a la cazuela, dos manzanas rojas partidas por la mitad,
una copa vacía y una botella de cava, abierta y parcialmente consumida. Todo
perfectamente colocado.
Esto que acabo de describirles es lo
que pueden ver en la imagen que acompaña al artículo. Todo ello apareció la
mañana del pasado 6 de diciembre, en el Puente de Siana, frente a la estación
de Renfe. Un acontecimiento para un día festivo, de esos en los que no pasa nada.
Los transeúntes se paraban a hacer fotografía, acompañadas de comentarios y
opiniones para todos los gustos. Algunos nunca habían visto algo igual. Yo sí.
Hace algo más de un mes me pasaban por Whatsapp una fotografía de algo
parecido, pero con más manzanas, más tabaco y más cava, hallado en Vega de
Arriba. No le di importancia, vi la imagen y la borré del teléfono. Había sido
Halloween y pensé que se trataría de algún juego de adolescentes.
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| *La ofrenda en el Puente de Siana. |
Nadie aportó una explicación. De
vuelta en casa, me puse a buscarla y me encontré con un interesante reportaje en el diario aragonés Heraldo. En abril de este año, este
periódico se hacía eco de la aparición de varias ofrendas similares a estas que
se han visto en Mieres. En ese reportaje, dos profesoras de Antropología, una
española y otra colombiana coincidían en que pueden ser ofrendas que se hacen
para personas o divinidades, buscando alejar la mala suerte y atraer la fortuna
o el amor. La experta colombiana añadía que podría tratarse de un ritual
relacionado con la mitología yoruba, originariamente africana, de la que han
surgido, entre otras, la santería, una religión muy practicada en países como
Cuba o Venezuela.
Todo lo que tenga que ver con
creencias es algo muy personal que suele llevar a opiniones muy diversas. La
mía, es que estas ofrendas tan coloridas y a la vez poco vistas no tienen por
qué generar nada, más allá de esa sorpresa que mostraban muchos de los que
contemplaban las manzanas. Entiendo que pueda preocupar que algún perro o algún
crío se lleve una manzana a la boca, igual que si se llevasen cualquier otra
cosa que estuviese en el suelo. En el fondo, sean para lo que sean estas
ofrendas, no distan tanto de otras que por cultura o tradición vemos más
normales, como colocar velas o flores a santos y vírgenes o dejar ramos de
flores en el lugar donde una persona ha perdido la vida.
Al día siguiente, 7 de diciembre,
volví a pasar por allí. No quedaba rastro de la ofrenda. Miré por curiosidad en
una de las papeleras que hay en la zona y ni la manzana ni la cazuela estaban
allí. ¿La retiró quien la había colocado, porque sea así el proceso? ¿La
retiraron los servicios de limpieza? ¿Llamó alguien a la Policía, como sugería
aquella mujer? Lo desconozco.
Dicen que no hay dos sin tres, con lo
que es muy probable que vuelva a aparecer alguna ofrenda similar en cualquier
rincón de Mieres. Espero que esta tribuna haya servido, tan siquiera, para
arrojar un poco de luz al asunto.
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Comentarios
Volviendo a las manzanas, a parte de lo exótico que pueda ser, no veo ningún riesgo ni ninguna polémica, aunque trasfondo tampoco es que tenga mucho. ¿A quién buscan invocar u honrar con una cazuela puesta con siete manzanas en el puente Siana?