PALIQUES POLÍTICOS: Biomasa, residuos y vecinos; la balanza del futuro de la térmica

Vivimos en un mundo establecido sobre balanzas que normalmente tienen más peso en uno de sus lados. Una de esas balanzas es la que desde hace siglos cuenta con el progreso y el avance de la industria en su brazo izquierdo y la salud y la calidad de vida en el derecho. El izquierdo suele tener siempre más peso, hágase lo que se haga. Importa crear riqueza, puestos de empleo, avances tecnológicos… El coste que ello pueda tener en la salud y en el entorno es lo de menos.

Siempre contemplé con cierto rechazo la térmica de La Pereda. Nunca me pareció un proyecto a largo plazo. Recuerdo que cuando se puso en marcha lo comenté con gente que entonces estaba en el poder. "Si están cerrando las minas, por algo habrá que tirar", comentaba un muy apreciado edil socialista, ya fallecido. Efectivamente, algo había que hacer, aunque no tuviese mucho sentido quemar carbón, cuando estaban cerrando minas, para producir energía. La térmica tiene ahora mismo, tras más de dos décadas funcionando, 73 empleados. Su reconversión como central de biomasa prevé crear 180 nuevos puestos de trabajo. Podría, incluso, convertirse en una instalación pionera en esto de la biomasa. La balanza carga peso en el lado izquierdo.
En el derecho, los vecinos de la zona tratan de hacer fuerza para equilibrar la balanza y esperan un peso extra que los ayude a inclinarla hacia su lado. Han sido escuchados muchas veces, pero pocas se les ha hecho caso. Prueben a darse un paseo por los pueblos que miran a la térmica y a charlar con cualquier vecino que tenga prados o huerta. "Aquí siempre se dieron muy bien las cerezas, pero llevamos años que no llegan ni a criarse. Nacen, crecen un poco y rajan o directamente pudren", me reconocía hace un par de años un señor en La Gatera. A principios del mes pasado un conocido mío con huerta en Ablaña me aseguraba que se había notado "que están quemando menos, este año está todo un poco mejor". Ellos y muchas más personas han convivido con la quema de carbón durante todos estos años, con experimentos como la quema de basuras de hace tres y con otras quemas que no han trascendido a los medios, aunque sea vox populi que sus hornos son utilizados por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado para la destrucción de materias decomisadas. Estadísticamente, los números muestran un aumento de cánceres y enfermedades en la población de la zona norte del concejo. Estos mismos vecinos han comenzado a organizarse para reivindicar su salud y su calidad de vida ante unos planes de futuro oscuros, como muchas cosas que han rodeado a la térmica desde su creación. La información que han recibido en casos como la quema de basuras ha sido escasa y contradictoria. Ni el Principado ni Hunosa ni el Ministerio de Industria –dejo fuera al Ayuntamiento, que a estos efectos es una instancia menor– han sido claros y concisos. La falta de información es peor casi que tener la información completa, por muy negativa que fuera esta.
Baiña, La Pereda, Cardeo, La Rebollá… Los vecinos vuelven a organizarse. En todos los pueblos hay hojas de firmas y se han impreso artículos como el que se observa en la fotografía que abre este artículo, una crónica de Josep Martí Valles, Doctor en Medicina y coordinador del Grupo de Medio Ambiente y Salud del Centro de Análisis y Programas Sanitarios de Cataluña. "Los peligros de la quema de biomasa", se titula un texto en el que este doctor lamenta el blanqueamiento hecho a la biomasa, "un carbón de baja calidad cuya combustión produce aún más tóxicos que la del carbón", tóxicos que se traducen en una serie de efectos nocivos para la salud, como el cáncer o la mortalidad prematura. La balanza se carga de argumentos en su lado derecho.
Habrá que ver en qué deviene todo este asunto y si la balanza sigue o no como hasta ahora, con más peso en el brazo de la industria que en el de los vecinos. El tiempo dirá, aunque la historia cuenta con muchos antecedentes en los que la balanza siempre se ha doblegado a favor de la industria.

Elcaraba

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