Por fin, después de tres semanas lloviendo, el sábado hizo bueno y recibí la visita de dos antiguos compañeros de trabajo y buenos amigos. Quedamos de vernos en Oñón, donde ellos dejaron su coche. Se dio la casualidad de que uno de ellos es natural de Mieres, aunque lleva ocho o diez años viviendo en Oviedo, y el otro es natural de Navia, aunque ahora reside también en la capital. Este último no había estado nunca en Mieres y solo conocía, y reproduzco literalmente, "lo que se ve desde la autopista".
Dejaron el coche a la entrada del aparcamiento, a la sombra de uno de los edificios de la calle Numa Guilhou. Fuimos caminando hasta Requejo, donde comimos. "Esta plaza la vi yo en alguna fotografía, es como de cuento", comentó el de Navia al llegar frente al escanciador. "Bah, tampoco es nada del otro mundo. Pero sí que es de lo poco a lo que la gente hace fotos cuando viene a Mieres", apuntó el mierense. Yo guardé silencio, aunque no me gustó el apunte.
Durante la comida salió el tema de Mieres en varias ocasiones. "No hay nada que ver, en lo que es ciudad, nada. Como no salgas a Cenera o a Espineo y estos sitios así rurales, aquí en Mieres no tienes más que ver", criticaba, casi despectivamente, el mierense. Le reñí, con la confianza que da reñir a los amigos y me propuse demostrarles a ambos que sí había cosas que ver.
Terminada la comida, salimos de Requejo caminando por La Pasera y nos detuvimos frente a la casa natal de Teodoro Cuesta y su estatua. Para el de Navia, que se dedica al arte de manera profesional, fue muy interesante contemplar la placa que esconde la casa natal de Cuesta y verlo sentado en ese trono angelical en que lo representa el monumento. Continuamos hasta la Casa Consistorial, de allí subimos, por la calle La Vega, hasta La Villa, y vimos el Palacio de Camposagrado, la Casa Duró y el pozo Barredo. Al de Navia le llamó particularmente la atención que un instituto, el Bernaldo de Quirós, tuviese un museo, aunque era sábado y no se podía visitar. Se sorprendió también con el trazado de las calles y el eje peatonal de La Villa-La Vega-Jerónimo Ibrán. "Aquí con que hagas ida y vuelta ya te haces un par de kilómetros", comentó, con humor. Mientras tanto, el de Mieres iba más o menos callado y solo abría la boca para hablar de "la decadencia" que, a su juicio, presentaba el concejo. "Esto era todo una calle de fiesta, no cabía un bar más en los 90. Ahora no queda nada", apuntó al pasar por la calle Covadonga. "Aquí se gastaron decenas de millones de euros para nada", señaló al llegar al campus desde Barredo. Volvimos hasta Oñón por la calle Martínez de Vega y previa parada en un bar de la Escuela de Capataces. El edificio del Liceo y la plaza de abastos también llamaron la atención del de Navia. En el de Mieres continuaba el negativismo. "Está casi sin puestos", comentó sobre el mercado. "Ahora son dos colegios que juntos no suman ni lo que llegó a tener cada uno de ellos por separado en los 80", apuntó sobre los colegios Liceo y Aniceto Sela.
Nos despedimos a última hora de la tarde en el mismo punto donde nos habíamos visto seis horas y pico antes. Volví a casa molesta con el de Mieres. No entendí que un hombre que yo tenía por sensato hablase así de su concejo, porque es su concejo, en el que vive parte de su familia, aun cuando él se haya trasladado a Oviedo. No sé si se cree más ovetense que mierense o si ese pesimismo hacia Mieres es algo propio del que se va, porque no es la primera vez que oigo criticar al concejo y lamentarse por su futuro a quienes siendo de aquí residen en las grandes ciudades como Oviedo o Gijón. Me pareció que estaban fuera de lugar sus comentarios y que lo mínimo que se ha de hacer en un caso como este es vender un poco turísticamente el lugar al que traes a una persona que no había estado nunca aquí.
Ya en casa, recibí un whatsapp del de Navia, agradeciéndome la vuelta por Mieres y alguna que otra explicación de esta guía turística improvisada. Creo que al final mereció la pena y logré demostrar al mierense negativo que el casco urbano tiene cosas para ver y que esto no es el secarral que muchos ven y quieren hacer ver en Mieres.
Álvarez


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