ÁLVAREZ OPINA: El limbo de las cabinas

Es algo confuso el marco legal que envuelve a las cabinas telefónicas, un invento que llegó a Madrid en 1928 y se extendió como la pólvora por prácticamente todas las ciudades y pueblos de España.


La progresiva generalización del teléfono móvil hizo que, desde hace veinte años, las cabinas perdieran usuarios y comenzasen a desaparecer. Esta situación fue a más en la última década, hasta el punto de que, desde el 1 de enero de este año, Telefónica ha quedado eximida de mantener las cabinas. Siguen siendo su propiedad y siguen siendo un servicio universal, pero, a falta de aprobarse la Ley de Telecomunicaciones, cuyo anteproyecto contempla la extinción de las cabinas, no se sabe muy bien en qué limbo se encuentran las pocas que quedan.
Me centro en Mieres con dos ejemplos. Uno, el que abre el artículo, una cabina de los años 80 que aún aguanta en la calle Rosalía de Castro, en San Pedro. Aguanta, al menos, en estructura, porque el teléfono no tenía línea en el momento de preparar este artículo. Es bonita y es de las pocas que quedan antiguas, por no decir la única. Pienso, sinceramente, que debería conservarse, aunque no esté operativa, porque es una joya popular, y puede tener su valor, aunque solamente sea como elemento decorativo. Recuerdo que había muchas como esta, todas ellas desaparecidas, en lugares como el cruce de Santullano, frente a la plaza del Carmen, a la entrada de Santa Marina por la calle Pablo Ruiz Picasso, en la calle La Vega…


En el otro extremo de conservación se encuentran cabinas como la que pueden ver sobre estas líneas, situada frente el Ayuntamiento. De lo que fue la cabina queda algo de la estructura y ya, porque no tiene ni teléfono, solo ocupa sitio y alguna vez ha sido utilizada, incluso, como baño público. Si Telefónica no se hace cargo de su mantenimiento, ¿por qué no invitar a la compañía a que retire esta y otras cabinas de su propiedad que están más o menos igual? Ya que no valen para nada, ni como adorno, por lo menos, que no estorben ni se conviertan en focos de suciedad.
Me gustaría creer que una vez se apruebe la Ley de Telecomunicaciones, Telefónica actuará de oficio para retirar las cabinas, aunque solo sea para venderlas como chatarra. De todas formas, la desidia de la compañía con estos y otros temas es bastante conocida. ¿Cuántas veces no salen en la prensa pueblos que llevan meses, e incluso años, con los cables de la red telefónica apañados de cualquier forma? ¿Soy la única que conoce a gente que dio de baja líneas de teléfono y se quedó con aparatos que, oficialmente, eran de la compañía, y por los que los usuarios pagaban cada mes un alquiler? Ojalá me equivoque, pero creo que con las cabinas pasará lo mismo y al final será el Ayuntamiento quien deba retirar las que están inservibles y, si acaso, conservar alguna en buen estado y como un recuerdo, al estilo de esa de San Pedro. Habrá que ver qué pasa.
Álvarez

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