Dice el refrán que agua corriente no mata a la gente, pero a veces, por mucho que corra el agua, sí que puede causar estragos, como sucedió en La Rebollá hace más de un siglo.
Corría el otoño de 1893. Como era habitual en los pueblos, todos los vecinos bebían de las fuentes públicas. En el caso de La Rebollá la más afamada era una fuente de ladrillo construida no muchos años antes. Sin que se conozca muy bien cómo, en sus aguas se originó un brote de tifus que afectó al pueblo y acabó con la vida de varios vecinos. Las pocas fuentes escritas que se conservan de aquella época no concretan cuántos fueron los vecinos fallecidos por el tifus. Sí que dan ejemplos concretos, como el de un joven de veintidós años u otro de trece, llamado Bernardo Ibrán. Era el hijo menor de Jerónimo Ibrán, entonces subdirector de la Escuela de Capataces de Minas de Asturias, tras unos años muy prolíficos en Fábrica de Mieres.
La epidemia provocó que muchos vecinos que superaron el tifus abandonasen La Rebollá por miedo a contagiarse de nuevo. En algunos de los contagiados las secuelas perduraron de por vida.
Ilustran esta entrada:
·Fotografía de la fuente que causó el brote, conocida en La Rebollá como La Fuentina. Su agua es hoy agua sin garantía sanitaria, pese a que "toda la vida se bebió de ella", como nos explicaba Vicente, vecino del pueblo.
·Vista parcial de La Rebollá, con la segunda fuente del pueblo, construida en 1923.

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