ÁLVAREZ OPINA: La plaza de los libros

En estas fechas en las que nos encontramos, con el Día del Libro y un sinfín de actividades pensadas para acercar la literatura al público en general, es buen momento para dedicar unas líneas a una iniciativa promovida por los comerciantes de la plaza de abastos.


Hace unos meses, los comerciantes decidieron poner, en una de las calles interiores del mercado, una estantería que hiciese las veces de punto de crossbooking. La idea era muy sencilla: se dejaba un libro y se cogía otro. El éxito de la iniciativa fue tal, que poco después lo ampliaron a discos, películas en DVD y cualquier producto cultural. Se quedaron sin sitio y, más tarde, decidieron recolocar el punto en uno de los accesos laterales, en una gigantesca mesa ordenada temática y alfabéticamente. Quienes siempre defendimos que el mercado de abastos podía tener una vis cultural no podemos estar sino orgullosos de esta iniciativa, que avanza viento en popa. Los comerciantes, me consta, también están contentos con el rumbo que ha tomado el punto de crossbooking. Ha hecho que muchos bibliófilos y lectores en general se acerquen a la plaza y que, al tiempo que entran a ver lo que hay o a dejar algún ejemplar, consuman algo en el bar o compren en alguno de los establecimientos que mantienen con vida este centenario y bonito edificio.
El siguiente paso, yo lo veo claro. Que algún emprendedor se anime a montar, en uno de los puestos vacíos, un kiosco-librería, una librería de viejo o una librería-café. Hay mercado, nunca mejor dicho, para potenciar esa vis cultural en la plaza. Recuerdo con cariño a un matrimonio que durante muchos años regentó un puesto de prensa, primero en el exterior, y luego en el interior. Vendían periódicos, revistas y novelas de bolsillo, amén de chucherías y artículos de papelería para llegar a un público más amplio si cabe. Y vendieron hasta jubilarse, cuando el puesto pasó a manos de otro matrimonio, que lo regentó durante unos años, hasta que distintos asuntos personales les obligaron a bajar la persiana.
Es un buen momento para apostar por la cultura en la plaza. No está reñida ni con la carne ni con el pescado ni con las flores o los productos de la huerta que venden los puestos que permanecen abiertos. Es el momento también de apostar por la rehabilitación de la plaza, esa que han solicitado los comerciantes, avalados por siete mil firmas. La plaza, en contra de lo que muchos creen, está viva… y puede estarlo más aún.
ÁLVAREZ

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