La noche del 21 al 22 de abril de 2001 fue especialmente movida en la calle Covadonga. El del ocio nocturno en el Mieres de aquella época traía en tensión, desde hacía tiempo, a hosteleros, clientes, vecinos y cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Aquella noche la tensión explotó. Y lo hizo con una macrorreyerta que tuvo consecuencias.
Todo empezó a eso de las tres de la madrugada, cuando la Policía Nacional se presentó en la calle para dispersar a unos trescientos jóvenes que protestaban, en la calle, por el cierre de los establecimientos hosteleros. Los vecinos se encargaron de llamar a la Policía. La protesta subió de tono cuando los jóvenes empezaron a sacar silbatos y petardos que, según apuntaron los vecinos, les habían repartido previamente los hosteleros. Los vecinos respondieron con huevos y agua. La calle Covadonga no tardó en convertirse en un campo de batalla que se extendió a La Vega y el entorno del Ayuntamiento. Quienes habían iniciado la protesta arrancaron farolas y papeleras y prendieron fuego a varios contenedores. También rompieron escaparates, puertas de varios portales y hasta una cabina telefónica. Un agente resultó herido en el enfrentamiento entre los manifestantes y los agentes, que tuvieron que emplearo botes de humo y pelotas de goma. Al filo de las seis, los últimos manifestantes abandonaron la reyerta.
Desde el Ayuntamiento se emitió un comunicado en el que el alcalde, Misael Fernández Porrón, pidió "calma y consenso" para solucionar un conflicto en el que "se contraponen intereses tan dispares como son el derecho al ocio y el derecho al descanso". Se convocó la Junta Local de Seguridad y se enviaron técnicos a los edificios afectados, con el fin de valorar los daños. La asociación vecinal, presidida por Manuel Prado, tildó de "muy grave" lo sucedido y criticó la falta de seguridad en la calle.
Los hosteleros, por su parte, acusaron a los vecinos de caldear el conflicto "con huevos y agua" y negaron cualquier premeditación, así como la entrega de silbatos y petardos a los manifestantes. Lamentaron tener que haber cerrado "a las dos y media, para evitar sanciones" y cifraron en 2500 las personas que se encontraban a la hora de cierre en la calle Covadonga. La reyerta podía haber sido, a su juicio, mucho mayor. Juan Permuy, portavoz de los hosteleros y exedil del PP, convocó un paro de un día que secundó gran parte de la hostelería mierense.
Un cuarto de siglo después, la calle Covadonga mantiene abiertos distintos locales de ocio, aunque sin las aglomeraciones de hace veinticinco años. En este tiempo, la convivencia entre vecinos, clientes y hosteleros ha mejorado, aun cuando se siguen produciendo, de vez en cuando, distintos incidentes, que no tienen punto de comparación con lo ocurrido en aquella noche de finales de abril de 2001.
Ilustran esta entrada un recorte de La Voz de Asturias sobre los hechos, publicado el 26 de abril de 2001, y otro, de El Comercio, de ese mismo día.

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