Entre 2009 y 2016 la aldea de La Cabana, en Turón, fue protagonista de numerosos titulares en los que aparecía ligada a una palabra: perrera.
Hace casi dieciocho años, el Gobierno local destinaba 400.000 euros del Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo –conocido como Plan E– a la construcción de un nuevo albergue de animales. Un solar municipal entre La Cabana y Carcarosa fue el lugar elegido. Luis María García, alcalde en aquella época, y Olga Álvarez, edil de Medioambiente por Los Verdes, anunciaron el proyecto como una inversión para que los animales abandonados ganasen en calidad de vida en unas instalaciones más modernas, con más sol y con menos humedad que las de Morgao.
Los vecinos de La Cabana no tardaron en criticar el proyecto. Tras observar algunas irregularidades, acudieron a la justicia y, en 2011 el TSJA obligó a derribar una parte de lo construido. Ya con Aníbal Vázquez al frente del Consistorio, el TSJA volvía a fallar a favor de los vecinos y en contra de la Comisión de Urbanismo y Ordenación del Territorio del Principado de Asturias y el Ayuntamiento: la perrera se había construido en terrenos cuya calificación no permitía tal uso. Eran necesarias obras para ajustarla a la legalidad. Y el tiempo y el vandalismo habían hecho mella en las instalaciones.
Hace diez años, en febrero de 2016, IU confirmaba que no intentarían recuperar la perrera, después de la elaboración de un informe en el que se estimaba en 200.000 euros el coste de las obras a realizar para adecuarla a la legalidad y reabrirla. Todo ello, habida cuenta de las críticas de los voluntarios, que veían inasumible desplazarse a La Cabana, al no tener muchos de ellos coche y ser una zona con solo dos servicios de autobús al día.
Una década después de aquella decisión, hemos vuelto a La Cabana para comprobar una noticia que nos llegó hace unos meses: el depósito de animales tiene uso. Uso particular, pero no del todo alejado de aquel para el que fue concebido: una ganadería de la zona emplea la fallida perrera como cuadra y almacén. De hecho, se ven asomar los fardos y vehículos usados para el transporte de ganado. A tal fin, han colocado rejas en lo que en su día iban a ser ventanas y han vallado el perímetro del depósito municipal de animales, en el que el que abundan los grafitis y otros restos de los años sin uso, en los que fue vandalizado.
"No debe haber nada oficial, pero mejor eso a que esté como estaba antes", nos explica un vecino de La Ceposa, al que preguntamos por este cambio en el uso de la perrera. "Llevará un año o año y poco con ello", nos asegura. En la web del Ayuntamiento no hay ningún expediente publicado sobre la desafectación del inmueble ni de cara a una posible licitación de su uso. Tampoco el Pleno ha acordado que se cambie su calificación a la de bien patrimonial, lo que permitiría su empleo con fines particulares.
Jurídicamente, la situación del depósito de animales es, cuanto menos, curiosa: acoge animales con un uso particular que, esta vez, parece no molestar a los vecinos del pueblo. Sobre el terreno, reconforta ver que, más allá de la legalidad, tiene uso un edificio funcional, que lo tuvo todo en contra desde un principio.
Llama la atención que nunca se depurasen responsabilidades judiciales por una actuación que fue uno de los grandes errores del último gobierno de Luis María García y cómo con ello quedó sentenciada la continuidad del albergue de Morgao, pese a ofrecer una calidad de vida mucho menor para los animales.
Comentarios