HISTORIAS DE NUESTRA HISTORIA: Morir en el Mieres de los 60

El último adiós a una persona fallecida era, hace más de medio siglo, un proceso distinto al actual. En unas fechas en las que la muerte cobra protagonismo a través de diferentes eventos y festividades, echamos la vista atrás para contemplar cómo era una necrológica de hace casi sesenta años.


Tomamos como muestra a una mierense, Beatriz García Galán, fallecida en su casa de la calle Conde Guadalhorce, hoy calle La Vega, el 8 de diciembre de 1969. Es una esquela totalmente elegida al azar. Beatriz murió a los 62 años, por lo que, cabe pensar, había nacido en 1907 o en los últimos compases de 1906.
Tipográfica y estilísticamente, la esquela de la difunta poco difiere de las actuales. Tras sus datos, su amplia familia, que abre "su apenado esposo" y al que siguen sus cinco hijos, tres nueras, dos hermanos, dos cuñadas, "nietos, sobrinos y demás familia". El ruego de la oración por su alma da paso a la información sobre el acto de despedida. Lo habitual en la época era velar al difunto en casa y recibir allí a quienes quisieran ofrecer sus condolencias a la familia. En este caso, la familia decidió no recibir, pero sí informar de la "conducción" del cadáver hacia la iglesia de San Juan a las cuatro y media de la tarde del 9 de diciembre. El texto informa también de que, tras la celebración del funeral, "se despedirá el duelo para continuar hasta el cementerio municipal de Mieres y recibir cristiana sepultura". Por la fecha de la muerte, muy probablemente el traslado se hiciera en vehículo a motor, lejos de los traslados a pie, con el ataúd de la persona fallecida cargado a hombros por varias personas.


El funeral de Beatriz García Galán fue organizado por Pompas Fúnebres El Carmen, una de las primeras funerarias del concejo, situada en la calle Ave María, 5, actual Leopoldo Alas Clarín. Cerrada desde hace décadas, hasta no hace mucho aún podía contemplarse en su antiguo local un letrero que pedía no aparcar delante de un portón por ser salida de funerarias.

Ilustran esta entrada la esquela de la difunta, publicada en La Voz de Asturias, y una captura de Google Maps con el letrero de la funeraria El Carmen, en la calle Leopoldo Alas.

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