30/10/15

REPORTAJE: El Mieres de lo paranormal (II)

Teniendo en cuenta las fechas con las que coincide la publicación de esta nueva entrega, y viendo el éxito del reportaje del año pasado, hemos decidido realizar un segundo reportaje que aborde nuevos fenómenos paranormales acontecidos en el concejo.
Fantasmas y fantasías que, a menudo, nacen a medio camino entre la realidad y la leyenda.
Este reportaje, distinto a lo que solemos hacer en esta web, ha sido elaborado tomando por base artículos de prensa escrita y radiofónica.

-Cielo rojo sobre Mieres.
“Al levantarse esta mañana, el vecindario de la localidad asturiana de Mieres pudo apreciar el reflejo de una luz roja muy intensa que se extendía por todo el firmamento. Parecía que en los montes próximos se había declarado un fuego muy vivo que abarcaba una gran extensión. Varios guardias se trasladaron a las afueras alejándose unos 500 metros para divisar bien el punto de donde partía la luz y vieron, finalmente, que la luz roza se extendía por todo el valle de Mieres. El efecto era realmente encantador. Una mujer que habita en la parte norte del abrrio de Sueros, al levantarse vio que el caudal del río presentaba color rojo. El espectáculo duró desde las cinco a las siete y media de la mañana”.
*La calle Teodoro Cuesta, en el año 1929.
Esta nota, con el título “Interesante fenómeno sobre Mieres”, aparecía publicada y sin firmar en El Heraldo de Madrid, en uno de los primeros días de febrero de 1929. En ella se narraba un extraño fenómeno acontecido en Mieres el 31 de enero de 1929. Nadie supo dar una explicación concreta y certera de  un fenómeno que asustó e impresionó a partes iguales.
El mismo fenómeno se repitió en 1998 en Monterrey, México. Pese al transcurrir de los años y los avances científicos, fue imposible llegar a una teoría que explicase por qué el cielo se tiñó de rojo en la mañana del 25 de febrero de 1998 en la ciudad mexicana.
A diferencia del caso de Mieres, en el de Monterrey sí se formularon muchas teorías, algunas científicas, otras no tanto. Sea como sea, el cielo rojo que envolvió Mieres y tiñó las aguas del Caudal en aquel amanecer del último día de enero de 1929 es algo que nunca llegó a explicarse y de lo que hoy tenemos constancia gracias al historiador Ernesto Burgos, que ha hablado de ello en varios de sus artículos.

-El ‘¿poltergeist?’ de las goteras en Urbiés.
Se acababa el año 1952 en La Vallicuerra, en la Güeria d' Urbiés. Era una fría noche de finales de otoño. Rosario, vecina del lugar, no podía dormir. Era incapaz de coger el sueño porque un pequeño ruido, constante e incesante, la molestaba. Se trataba de un ruido muy parecido, según sus palabras, al que “produce la cocina de carbón al enfriarse”. Pensó que sería algo de eso y, poco a poco, consiguió dormirse.
El ruido volvió a repetirse en la noche siguiente. Preocupada, se detuvo a escuchar. Sonaba en el techo, con lo que pensó que sería una gotera, que desde el tejado pasaba al desván.
*Vista de la Güeria d'Urbiés.
En las noches siguientes el fenómeno volvió a repetirse y, cansada de ello, Rosario subió al desván. No había ninguna gotera.
Días después, y para su asombro, una vecina de El Quentu, también en la Güeria, le comentaba a Rosario que a ella le pasaba lo mismo en su casa.  
Nadie supo explicar cómo ocurría aquello, que comenzó a extenderse por muchas otras viviendas de los pueblos de la Güeria.
Enseguida todo el valle de Turón sabía de las goteras fantasmales que acontecían en la Güeria y los vecinos afectados tuvieron que soportar diversas burlas y mofas. Expertos en arquitectura visitaron las casas, sin dar una explicación lógica a aquello. Apuntaron a que alguna vivienda podía haber sufrido dilatación en los materiales en los que estaba construida, pero que ello no justificaba que los ruidos se sintieran en muchas casas, separadas algunas por cientos de metros.
El fenómeno duró un año, más o menos. Se fue como vino, desapareciendo poco a poco de las casas. Las mujeres afectadas no dudaron, convencidas en ello, en pagar varias misas por las almas que se encontraban en el purgatorio. Creían que algún alma en pena de la zona ‘lloraba’ sobre las casas, propiciando esos ruidos, tal y como nos cuenta Francisca Herrera en su blog "Fenómenos paranormales".

-La ‘¿xana?’ de Mudreros.
Mediados del siglo XX, valle de Nicolasa. Un arroyo con un agua de color rojizo, debido a la actividad minera, brotaba por la zona, a partir de una cueva. Una leyenda aseguraba que en la cueva vivía un cuélebre que se encargaba de devorar a todos los que entraban en ella, se ahí que el agua que salía de la cavidad tuviera ese color rojizo.  Al lado del reguero, y dirección la Pena los Cuervos, había un prado precioso de nombre Mudreros. En él vivió una extraña experiencia Chusín, un joven rampero de Ablaña.
*Valle de Nicolasa.
Un día de mediados de junio, Chusín iba a trabajar, sendero arriba. Al pasar por Mudreros escuchó a una mujer lavando ropa en las aguas del arroyo, al tiempo que cantaba con su dulce voz. Se subió a un pequeño talud para poder verla y, aunque había un poco de niebla, consiguió visualizarla, con un vestido blanco y una larga cabellera dorada. El fenómeno se repitió varios días más.
Ya en torno a San Juan, Chusín decidió observarla de cerca, aproximándose a ella, pero tan pronto de acercó, la mujer desapareció.
Objeto de mofas entre sus compañeros de trabajo y sus vecinos de Ablaña, un día decidió espiarla desde otro lugar, para acercársele y que no ‘huyera’. El plan le funcionó y consiguió toparse cara a cara con la joven y bella mujer. “¿Por qué me espías? ¿Qué quieres de mí?”, le espetó ella. Asustado y confundido, Chusín salió corriendo.
Años después, y ya con otra categoría, Chusín sufrió un accidente en la mina que le dejó inconsciente durante unas horas. Al despertar, contó a sus compañeros que una voz femenina le había dicho, en sueños, algo así como “¡Ven conmigo, Chusín! Yo te cuidé desde niño… Ven, te llevaré a mi morada. Tiene la entrada por lo más tenebroso del arroyo, pero el interior es un paraíso. ¡Ven…, ven…!” Le tendió una mano, que él no dudó en tomar, pero estaba tan fría que la retiró estremecido. En ese momento, recordaban sus compañeros, Chusín despertó sobresaltado y con la cabeza muy dolorida.
Sea como fuere, el charco que en Mudreros hacía el agua del arroyo pasó a ser conocido como Fontán de la Xana, según señala César Rubín en su libro “El castillete de plata”.

-Fotografía ‘post mortem’, también en Mieres.
*Una fotografía 'post mortem'.
Vamos ahora con algo real… Algo que nos hubiera gustado tener más tiempo para investigar y poder aportarles más datos. Este verano, en la zona de Santirso, hablando un poco de todo con una mujer, llegamos a un tema que hoy podría verse como algo macabro, pero que hace unas décadas era algo muy habitual en toda España: la tanatografía o fotografía ‘post mortem’.
Hay que entender que antes la fotografía no estaba al alcance de cualquiera y que muchas veces la gente moría sin que sus parientes tuvieran una fotografía del difunto. Es por ello que, una vez fallecido, la familia del difunto pedía a algún fotógrafo que le realizase una foto. A veces se colocaba al cadáver sentado o de pie, e incluso se le abrían y pegaban los párpados de los ojos, para que pareciera estar vivo. Siempre, eso sí, ataviado con sus mejores galas.
Otras veces, se fotografiaba el cuerpo en el ataúd, como en la imagen que acompaña a este texto, tomada en los años 40 por un fotógrafo langreano a una niña y su hermano, fallecido, en Santirso y que es parte de una colección que en esta materia tiene el Museo del Pueblo de Asturias.
La misma mujer nos contaba también que su hermana, que vivía en un pueblo del valle de Turón, había requerido también los servicios de un fotógrafo para retratar a su hijo pequeño, fallecido con dos años, en enero de 1953. Nos contaba, sin recordar el nombre, que había subido, en medio de una fuerte nevada, un fotógrafo de Mieres a realizar tal tarea.

MÁS HISTORIAS…
Tanto en este reportaje como en el del año pasado hemos visto cosas ‘extrañas’, sobre las que caben multitud de explicaciones y opiniones. Acabamos el reportaje con dos historias más que demuestran que, a veces, lo paranormal es muy pero que muy normal…

-Vitalón, el fantasma
*Zona del Convento, por donde 'asustaba' Vitalón.
Tras la posguerra, fueron varias las personas que, en el entorno del convento de los Padres Pasionistas, recibieron diversos sustos y amenazas de una voz ronca que les instaba a marcharse y dejar de rondar el edificio. Muchos de los asustados y amenazados no dudaron en asegurar que se trataba de un fantasma e incluso hubo uno que le hirió con un objeto punzante, llevándole una mano. Se trataba de un hombre relativamente joven, conocido como Vitalón, al que los propios frailes pagaban para asustar a todo el que se acercara, en horas intempestivas, al convento.
El pobre hombre compaginaba ese trabajo con el de la mina, del que se acabó jubilando a finales de los años 50 para pasar a vagar, como si de un fantasma se tratara, por el Mieres de los años sesenta, enfundado en una haraposa gabardina y ocultando, con guantes de lana, su mano y el muñón de la otra, perdida en el ejercicio de sus funciones como ‘asustador’, tal y como comentó Ernesto Burgos en algunos de sus artículos en prensa.

-El demonio, en La Peña
*La iglesia de La Peña y el salón parroquial, al lado.
Mañana del 7 de junio de 2006. Orestes Santos, entonces párroco de La Peña, se topa en el salón parroquial (anexo a la iglesia) con grandes pintadas del número 666, pentagramas y cruces al revés, todos ellos símbolos del diablo. Podría parecer una visita de Satán, teniendo en cuenta que el día anterior había sido el 6 de junio de 2006 (6/6/6). Podría… Pero el diablo no rompe ventanas, ni fuerza puertas para acceder a un sitio. Se trataba de un acto vandálico promovido por algún demonio, pero de los de carne y hueso.
No desapareció nada. Únicamente, quien o quienes accedieron al local se bebieron unos refrescos que allí había. Fue necesario más de un mes para devolver el local a su estado anterior. Orestes Santos agradecía que no hubieran sido capaces de acceder a la iglesia y que los daños fuesen mayores.

2 comentarios:

Xurde dijo...

Los demonios de La Peña teníen pates... ¡Pero nun teníen pezuñes de corderu, si non pies y cinco deos! Prestome muncho esti reportaxe. Impresionante el fenómenu paranormal d'Urbiés y el del cielu colorau en Mieres. Sobrecoxe lo de la tanatografía, pero ye entendible nel contextu social de l'época en que se facía.

Anónimo dijo...

Lo del cielo rojo casi se repite ayer. Menudu atardecer más curiosu.
Enhorabuena por el reportaje. Muy amenu y con esos dos casos del final pa rebajar la tensión de lo de les fotos a los cadáveres.