12/2/16

PEQUEÑAS SEMBLANZAS DE GRANDES MIERENSES: Adolfo Quintana

Adolfo Quintana Castañón, conocido popularmente como Quintana, nació en Santa Cruz en el año 1922. Pasó una infancia tranquila, como la de cualquier otro crío de la época, yendo a la escuela del pueblo y entreteniéndose con juegos y lecturas.
En 1937, poco tiempo después del estallido de la Guerra Civil, su padre, reconocido republicano, fue asesinado ante sus propios ojos, muy cerca de la casa familiar en Santa Cruz. Aquello supuso un duro trance para él y para su familia y le sirvió para lanzarse a luchar contra los militares franquistas. Su ímpetu y sus ataques pronto fueron conocidos en el otro bando, hasta el punto de que en 1946, las fuerzas represivas del régimen irrumpieron en la boda de su hermana con el fin de llevárselo. Él no estaba allí. En 1947, consciente del peligro que corría su vida, se lanzó al monte, uniéndose a la guerrilla de la zona.
*Adolfo Quintana, con 25 años.
Poco a poco fue convirtiéndose en un guerrillero de peso, hasta, según los expertos, lograr ser el guerrillero más conocido de Asturias. Las tropas franquistas lo buscaron durante años por cielo, mar y tierra, sin éxito. Sin embargo, su suerte cambió el 1 de agosto de 1950, cuando las fuerzas del régimen detuvieron en la frontera con Francia a dos guerrilleros asturianos: González Barranca y Canor. Tras someterlos a crueles torturas, consiguieron que ambos dieran información de Quintana y de Canario, el compañero inseparable de aquel, un guerrillero criado en Insierto pero de origen cubano.
El 14 de agosto de ese mismo año, los militares les cayeron por sorpresa en la casa de El Pedroso (de Cuna) en la que ambos se encontraban. Les dispararon e instaron a salir. Como no lo hicieron, y para obligarles a salir de la casa, le prendieron fuego. Quintana y Canario trataron de huir, pero fueron acribillados nada más pisar la calle.
Sus cuerpos fueron expuestos en una caseta del cementerio de Villarejo para que la gente los viera y se amedrentara. Fueron muchos los que pasaron a despedirse de los dos guerrilleros.
La vida y muerte de Quintana inspiró un romance popular, así como una película-documental dirigida por Luis Felipe Capellín. Además, anualmente, tanto a él como a Canario se les realiza un pequeño homenaje en el cementerio de Villarejo, donde fueron finalmente enterrados. En ese mismo cementerio, en el lugar donde fueron expuestos sus cadáveres, un monolito y una placa recuerdan uno de los episodios más duros de la posguerra en el concejo de Mieres.
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