A veces es difícil tenerlo todo bajo control, y si no, que se lo digan a los trabajadores del matadero municipal de Mieres que el 16 de octubre de 1977 vivieron un momento de angustia al fugarse de las instalaciones un toro que iba a ser sacrificado.
Asustado y nervioso, el animal había escapado del matadero aprovechando un descuido de los trabajadores. Pese a que en un primer momento se creía que el animal, de varios cientos de kilos, no podía haber salido de las instalaciones, la Policía constató poco después que sí lo había hecho, al recibir varios avisos de vecinos de la zona norte que aseguraban haber visto un toro deambular por el casco urbano. Su búsqueda se puso en marcha y el toro fue localizado en la calle Gijón, en un espacio que había sido utilizado en las fiestas de San Xuan, paradójicamente, como plaza de toros. Allí lo abatió un agente de la Guardia Civil.
En su huida, el toro alcanzó a dos transeúntes con los que se topó y que tuvieron que ser trasladados hasta la entonces residencia Enrique Cangas, el viejo Álvarez Buylla, y uno de ellos se vio obligado a pasar por el quirófano a causa de las magulladuras que le había provocado el toro.
Así concluía un suceso que hizo pasar un mal rato a unas cuantas personas, desde los trabajadores del matadero a los transeúntes con los que se encontró en su particular huída de un destino que acabó por llegarle igualmente, con su muerte en lo que, además, había sido una plaza de toros.
Con esta historia termina la cuarta temporada de Historias de nuestra Historia, una vez publicadas las catorce entregas que habíamos producido. Volveremos con más en septiembre.


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