EL ESPACIO DEL LECTOR: Menos ruido en la calle

Carreño Miranda, 1:50 a.m. Un conocido bar con nombre de antigua moneda emite un chunda chunda acompañado de las voces de sus parroquianos. Aller, 2:00 a.m. La gente fuma y conversa en voz alta, muy alta, en las terrazas de algunos de los establecimientos de esta calle. La misma imagen se repite a las 2:10 a.m. en Jerónimo Ibrán, entre quienes apuran sus últimas consumiciones. En una cervecería se escucha la tele a todo lo que da mientras el tabernero recoge y despide a sus últimos clientes. 


La Vega, 2:20 a.m. En la esquina con la calle Covadonga hay fiesta, hay música a todo volumen. No es la única en la calle Covadonga, en la que a esa hora se escuchan, desde fuera, ritmos de distintos géneros musicales y voces de distintos clientes que alborotan y celebran a saber qué. La Villa, 2:25 a.m. Un grupo de adolescentes atraviesa el barrio hablando por un móvil a la par que escuchan música que procede de otro. Todo esto en un mismo día, en una misma noche de un frío diciembre. 
La noche es para el silencio; ya bastante ruido hay de día. En verano el Ayuntamiento de Gijón sacó una campaña para reducir el ruido nocturno de bares y calles con hostelería. Hubo sanciones. Vive y deja dormir. Como diría el poeta aquel, la noche acoge tan solo el sonido del caminante que deambula. 
Pepe Sánchez
(Mieres)

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