UN LUGAR PARA VIVIR: Laipata, diecisiete años después

Este abril cumplimos diecisiete años de recorrido ininterrumpido por la zona rural del concejo. Es una cifra que no se cumple todos los días y que celebramos volviendo a pasar por dos aldeas que conocimos en el cada vez más lejano 2009, cuando esta web daba sus primeros pasos.
Las fotografías de apertura y cierre del reportaje son actuales; las del cuerpo entremezclan ambos tiempos, por parejas, con la antigua primero y la actual después.
El primero de los reportajes especiales nos lleva hasta LAIPATA, castellanizado como La Depata. Fue una aldea que conocimos en el verano de 2009 y sobre la que produjimos un reportaje que vio la luz unos meses más tarde, en enero de 2010.
Hoy en día LAIPATA suma dieciséis habitantes, según datos censales de 2024, los más recientes a los que tenemos acceso. Son el doble de los que contaba en 2009, cuando la estadística de 2006 solo arrojaba ocho vecinos. Enmarcada en la parroquia de Mieres Extrarradio, los tres kilómetros que dista de Mieres bien han podido ayudar a esta aldea a crecer en población.
La aldea conserva una docena abundante de viviendas, entre las que hay de todos los tipos, pero, en líneas generales, bien conservadas. Llama la atención, en un primer momento, una imponente casona asturiana, con dos corredores y en excelente estado de conservación.
Caleyando por el pueblo se descubren otras viviendas que en un pasado tuvieron corredor, pero que lo tapiaron para ganar unos metros en épocas de familias muy numerosas, en las que cada centímetro que se podía arañar, se arañaba. Todas han sido restauradas en estos años. 
En líneas generales, LAIPATA está impecable. El tiempo le ha sentado bien a esta aldea soleyera, verde, y de la que se divisan buenas vistas de Mieres, pues no en vano se halla ubicada a 400 metros de altitud. Sí que echamos en falta algo que nos llamó la atención en su día: que una aldea como esta no tenga sus caleyas asfaltadas. La gravilla manda.  
El lavadero de la aldea, ya centenario con creces, sigue erigiéndose en lo alto del pueblo, acompañado de su fuente de 1914. 
Caleyando por el pueblo descubrimos una segunda casona con corredor, que volvemos a fotografiar, igual que hace diecisiete años. Si en aquel entonces tenía berzas en un pequeño huerto delante, hoy tiene rosales y un árbol de aguacates.
Es uno de los pocos cambios que apreciamos en esta aldea, que no solo vive de casas antiguas, sino también de otras construcciones más modernas, entre las que sí se observa algún cambio mínimo, en cuestiones como el color. 
Silvino Fernández Fueyo (1935-2005) fue el vecino más insigne de esta aldea, y adoptó como nombre artístico El Gaiteru de Ladepata, en honor al lugar que lo vio nacer, un pueblo con historia, encanto, tradiciones y rodeado de un paisaje gobernado por el verde. No dejen de darse una vuelta por LAIPATA

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