ÁLVAREZ OPINA: El cuento de nunca acabar de las pantallas antirruidos

Nos han engañado descaradamente. Nos han mentido con algo que muchos mierenses llevaban décadas esperando. Nos han puesto la miel en los labios… para nada.


Hace dos años, en el verano de 2024, el Ministerio de Transportes comenzaba la instalación de las pantallas antirruido de la A-66 a su paso por el concejo. El despliegue inicial fue impresionante: máquinas perforadoras gigantescas, cortes de carriles en la autovía, nueva señalización provisional que alertaba de las obras… Aquello iba en serio, o eso parecía. De hecho, en octubre se instalaron pantallas a la altura de Vegapiqueros. Un poco después, a la altura del puente de Santullano. Más tarde, a la altura del puente La Perra. Era raro, sí, cómo empezaron a colocarlas. Unas pocas aquí, otras pocas allá. Pero nadie imaginó que, después de colocar las tres o cuatro a la altura del puente La Perra, las obras se dieran por concluidas. Y de ello han pasado ya dos años.
Las máquinas han vuelto a verse a la altura de Uxo. La prensa se ha hecho eco de que se retoman los trabajos. Nadie ha salido a justificar qué ha pasado en estos dos años para que no se hiciese nada.
La adjudicación de este proceso tuvo lugar en la primavera de 2023. Los pliegos administrativos estipulaban la instalación de mamparas a lo largo de 7,7 kilómetros de la autovía. El Ministerio dio nombres y mencionó Santullano, Figaredo, Ujo, La Peña o los barrios de Santa Marina y El Tocote como algunos de los beneficiarios de esta actuación. Grandes beneficiarios, porque, dicho sea de paso, al menos en Vegapiqueros los ruidos de la autovía se han reducido muchísimo, casi ni se oyen.
Ojalá las elecciones, cualquiera de ellas, sirvan para aclarar este asunto y ese parón de dos años. ¿Cubrirán con los 10,86 millones de euros que recogía la adjudicación inicial, hace más de tres años, con cargo a fondos NextGeneration de la Unión Europea? ¿Siguen teniendo esperanza aquellos vecinos y vecinas que sienten el ruido de la autovía en cuanto abren sus ventanas? Demasiados interrogantes para una obra que ya debería estar acabada: su plazo de ejecución era de dos años. Y ese es el tiempo que ha transcurrido desde que se colocó la primera pantalla antirruido.
Álvarez

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