9/6/17

PEQUEÑAS SEMBLANZAS DE GRANDES MIERENSES: Valeriano Miranda

Valeriano Miranda Merediz nació en el año 1859 en Pola de Siero. Tras una juventud interrumpida por sus deberes militares, primero como soldado del Regimiento de Infantería de Luzón y luego como cabo en el mismo reconocimiento, decidió retomar sus estudios. Con gran vocación religiosa, en 1885 se ordenó como sacerdote.
Su primer destino fue Mieres, como coadjutor de la parroquia de San Juan, dirigida entonces por el párroco José Álvarez Miranda, que años más tarde dejaría la parroquia para convertirse en obispo de León.
*Retrato de don Valeriano.
Mieres fue el primer y último destino de don Valeriano, como lo conocían, durante los 42 años de su vida que dedicó al sacerdocio. Fue un hombre muy querido por el pueblo, como demuestran diversas anécdotas. Una, de 1906, en plena huelga, los obreros no dudaron en gritar “¡Muera el clero, viva don Valeriano!”, después de que este se les acercase a mostrarles su apoyo, y de paso, llevarles algunas limosnas que paliasen el perjuicio económico que para todo trabajador acarrea una huelga. Precisamente, su caridad fue uno de sus rasgos definidores: no dudaba en repartir limosnas propias y ajenas a todo aquel que lo necesitase.
Dio a conocer diversos elementos de la tradición eclesiástica del concejo y de las Cuencas Mineras, organizando desde Mieres salidas a las romerías de pueblos, peregrinaciones a los Mártires, expediciones a Santa Cristina o a las capillas del Monsacro.
Cumplidos los 41 años de servicio en Mieres, el Pleno del Ayuntamiento acordó nombrarlo Hijo Adoptivo del concejo, en 1926. Falleció en su casa de Requejo un año después: el 22 de septiembre de 1927, a los 68 años. Acababa de echar a andar los planes para la construcción de una nueva iglesia de San Juan, su gran sueño, y cuyas obras se iniciarían unos meses después. Fue enterrado en un compartimento en el cementerio, dedicado exclusivamente al entierro de sacerdotes, y otorgado por el Consistorio a su familia con carácter perpetuo, en agradecimiento a su labor realizada en el concejo.
Poco después se le dedicó una calle, la actual Valeriano Miranda, que ha sido de las pocas que ha mantenido su nombre pese a los cambios en la denominación de las calles llevados a cabo durante el Franquismo.
El 28 de febrero de 1997 sus restos fueron trasladados, por cuestiones relativas a la organización del cementerio y sus calles interiores y con el visto bueno de la parroquia de San Juan, al panteón de la familia Muñiz Prada. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿No le quedaba familia viva como para ser enterrado en un panteón que a priori no tenía ninguna relación con él?