Dando uno de mis habituales paseos por Mieres me encontré (hablo ya de hace dos semanas o así) en la calle Gijón, calle cuyas aceras fueron levantadas ya hace casi un año, pero parece ser que no fue una obra completamente finalizada…
Había llovido bastante la noche anterior, las baldosas estaban pingando y, de repente piso una partida por la mitad y una pequeña cantidad de agua salta mojándome los pantalones.
Me cabreo un poco conmigo mismo y con mi mala suerte. Sigo andando y ya llegando a donde el cuartel de la Guardia Civil, ¡otra p*** baldosa partida por la mitad!
Lógicamente el agua salta de nuevo a mis pantalones, que empezaban a secarse. Vuelvo a enfadarme conmigo mismo, con mi mala pata y con la baldosa.
Lo peor no es esto, sino que baldosas como esas, rotas por la mitad sabe Dios por qué, las hay en todas las aceras que han renovado, y, seguro que llevo razón, inconscientemente el ser humano siempre las pisa.
-PLAUTO-
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