Corría 1996 cuando la localidad mierense de La Peña se movilizó para evitar el traslado del tan querido párroco D. Orestes Santos a una parroquia de Gijón.
Las movilizaciones (se recogieron más de mil trecientas firmas) y las protestas dieron resultado y D. Orestes se quedó en La Peña. No cabe duda de que los vecinos de dicha localidad demostraron lealtad y cariño hacia un gran párroco: D. Orestes Santos Bermejo.

Fuente: La Nueva España 1996
Comentarios
No voy mucho a misa,así que como párroco, no puedo opinar pero se que es una gran persona