Hace más de veinte años, cuando un servidor fue concejal, lo más común era que la gente se dirigiese a ti o en el Ayuntamiento o en la sede del partido o en la calle. Nunca tuve ningún inconveniente en dedicar tiempo a quienes me paraban por la calle para contarme o pedirme alguna cosa, aunque ni a mi mujer ni a mi hijo les agradaba demasiado. Siempre defendí que cualquier político es un empleado público, en el sentido más extenso del término y que trabajar por la gente, votantes y no votantes, ha de ser su principal prioridad. Quizás por ello nunca tuve ningún problema especialmente grave y nada relacionado con la actividad política llegó a quitarme el sueño.
La semana pasada me comentaban que uno de los actuales ediles ha decidido dar de baja sus redes sociales ante el gran número de mensajes recibidos en lo que va de legislatura, parece ser que algunos bastante ofensivos. Me resultó curioso y me hizo reflexionar sobre las nuevas relaciones entre políticos y ciudadanía a través de las redes sociales. Si bien comprendo que un perfil personal no está para recibir mensajes, también creo que lo de escribirte a tu perfil es un poco el equivalente al pararte por la calle de hace más de veinte años. A fin de cuentas, en las redes estamos todos y, como en la calle, es fácil encontrarnos y desencontrarnos.
Igual que pienso que el político ha de conversar con la ciudadanía, me parece fundamental que la ciudadanía se dirija a él con respeto, aunque cada vez haya menos respeto en nuestra sociedad. Con independencia del cauce que se use, la educación ha de ir siempre por delante. Si se falta el respeto se pierde toda credibilidad, y sí, el respeto es también exigible a los políticos. A mediados de septiembre un hostelero me explicaba que una tarde de verano había entrado un edil. Se acercó hasta la barra, vio una hoja de firmas contra la ordenanza de tenencia de animales domésticos, se dio media vuelta y se fue, dejando al hostelero con el "Hola que vas a tomar" en la boca. "Solo le faltó escupir y echarnos una maldición al salir", recordaba este empresario, que, pese a todo, no me desveló el nombre del susodicho. No descarto que fuera el mismo de los mensajes en las redes sociales.
En cualquier caso, tan feo e infantil es mandar un mensaje ofensivo a la red social de una persona como entrar en un bar y hacer el vacío a un trabajador por el simple hecho de tener una hoja de firmas contra algo que ha sacado adelante un Gobierno del que formas parte. En ambos casos el respeto y la educación brillan por su ausencia.
Políticos que estáis y que estaréis, dialogad. Es cierto que se suele dialogar mejor en la oposición que cuando se tiene poder, pero esto último tiene que ir cambiando. Ciudadanos que leáis esto, no dejéis de intentar el diálogo con nuestros representantes. Unos y otros, recordad que el respeto y las buenas formas nos hacen seres superiores y ayudan a mejorar las relaciones en esta sociedad en la que cada vez nos quieren hacer más asociales.
ELCARABA
Nota adicional del autor: la imagen que acompaña estas líneas es un montaje, totalmente ficticio. Cualquier parecido con la realidad es una triste coincidencia.



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