Ha fallecido Aníbal Vázquez. El pasado viernes 10 se corría la noticia de su muerte e incluso La Nueva España publicaba a mediodía una fotogalería en homenaje a su labor política que luego tuvieron que borrar. Si bien el Ayuntamiento e Izquierda Unida desmintieron la noticia, la salud del regidor era débil y su vida se apagó el domingo 12 por la mañana.
Muchas veces suele decirse aquello de que siempre se van los mejores, sin que quienes se van realmente lo sean. En este caso el dicho puede aplicarse sin un ápice de duda: se ha ido una extraordinaria persona y un gran político. Mieres pierde a su alcalde cuando este afrontaba, ilusionado, su cuarta legislatura al frente del Consistorio. Su final recuerda en cierto modo al de Vital Álvarez Buylla, que murió el 31 de agosto de 1984, apenas veinticuatro días después de renunciar a su cargo de alcalde por problemas de salud. Aníbal estuvo al pie del cañón hasta el último momento.
Aníbal Vázquez se va pero su legado queda para siempre. Su nombre es, sin duda alguna, uno de los grandes nombres de la historia reciente del concejo. Primero, ligado a la Asociación Cultural y Minera Santa Bárbara; después, vinculado a esa labor institucional que desarrolló a lo largo de doce años y medio. Sus políticas podían gustar más o menos. Se podía estar en acuerdo o en desacuerdo con sus decisiones. Votarle o no votarle. Ahora bien, nadie dudaba en Mieres de su integridad política, de su honestidad como regidor. Supo ser un alcalde cercano al pueblo, que saludaba a todo aquel que lo saludase, que se reunía con quien hiciese falta, que peleó por Mieres y que, quizás por eso, muchos veían no como un alcalde, sino como un ciudadano más al que era fácil encontrar en la calle, en el mercado o tomando algo en un bar. Esa cercanía, sin duda alguna, fue la clave de su éxito como político. Pocos alcaldes pueden presumir de enlazar cuatro legislaturas y tres mayorías absolutas seguidas, sin apenas desgaste. Él lo hizo y él sabía que ese carácter afable era su principal baza. “No tengo miedo a la gente que me vota ni a la que no. Me encuentro a gusto en la calle y supongo que la gente puede ver que tiene como alcalde a uno como ellos”, aseguraba en una entrevista hace ocho meses.
Como alcalde, vivió tiempos convulsos en una primera legislatura marcada por las subidas de impuestos, con la revisión catastral al frente, y los recortes salariales al personal del Ayuntamiento. Todo para sanear las cuentas públicas, algo que consiguió en apenas unos años. Su segunda legislatura se abrió a pequeñas inversiones y a la búsqueda de fondos que permitieron acometer grandes inversiones, como el parque de La Mayacina, la puesta en marcha del pozo Santa Bárbara como centro de exposiciones, las reformas en colegios e instalaciones deportivas, la peatonalización del entorno de la plaza de abastos o la renovación de la flota de Emutsa. Defensor de un transporte público de calidad, cayó en la paradoja de hacer públicos servicios como la gestión de las piscinas de Vega de Arriba o la recogida de basuras al tiempo que se privatizaban otros servicios como consumo o la limpieza y jardinería del casco urbano. Se justificó diciendo que buscaba lo mejor para Mieres, ante la falta de recursos humanos del Ayuntamiento. También peleó incansablemente por el campus del concejo. No pudo ser el grado en Deportes, pero sí que Minas se viniese a Mieres.
Aníbal se fue dejando varias cuentas pendientes, varios proyectos que no verá realizados. De dos de ellos habló con Adrián Barbón el pasado 18 de octubre, en su última aparición pública: el centro de materias primas de Figaredo y los pisos tutelados para mayores en Turón. También se le quedó sin ver el cuartel de la Guardia Civil o las pantallas antirruidos de la A-66. Esa fue otra de sus características como político, ya que durante doce años reivindicó la necesidad de que otras administraciones invirtiesen en Mieres y no dudó en pelear por ello y escribir cartas a ministros, consejeros y a quien hiciese falta.
Habrá que ver qué pasa también con el fallo del Constitucional sobre el caso de los pasquines, después de que la Audiencia Provincial no apreciase ningún delito y sobreseyese el asunto. Cualquier otro alcalde habría visto afectada su imagen si de la noche a la mañana su ciudad apareciese sembrada de octavillas acusándolo de cobrar un sobresueldo cuantioso. Sin embargo, nadie dudó de él y no solo repitió victoria en las urnas, sino que lo hizo con tres ediles más. Solo los grandes salen reforzados de las trampas tan sucias que intentan tenderles sus enemigos.
“Cuando deje la Alcaldía no llevaré ni la gestión de la comunidad de mi portal”, explicaba en la misma entrevista que citaba hace unas líneas. Estaba contento siendo alcalde pero sabía que era una labor cansada. Como alcalde se ha ido y como alcalde será recordado gracias al capítulo que escribió en la historia de este concejo.
Mis más sinceras condolencias a su familia, amigos y allegados.
ELCARABA
Ilustran este artículo distintos materiales editados por IU Mieres
con ocasión de las elecciones municipales de 2011, 2015 y 2019


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