En política hay que lidiar con imbéciles. Bueno, más que lidiar, ignorarlos. Dice el refrán que no hay mejor desprecio que no hacer aprecio, y eso es lo que se debe hacer con las críticas absurdas y sin fundamento.
El viernes 24 se celebró en Mieres un acto contra la violencia de género, al que pertenece la imagen que tienen sobre estas líneas. Un acto que empezó frente al ayuntamiento y que continuó con un espectáculo en el que varias mujeres, vestidas de negro, recorrían las calles de Mieres en representación de las víctimas de esta lacra. Entre ellas estaba Nuria Rodríguez, edil de Feminismo e Igualdad. En un momento de la marcha, un viandante increpó al grupo con un “¡mejor estábeis fregando!”. No pasó nada más. El hombre siguió caminando, con su ideología neardentalista, y la marcha siguió su curso por las calles de Mieres.
No pasó nada más, pero sí pasó algo. A Nuria el comentario no solo no le gustó, lógico por otra parte, sino que la disgustó. Ella misma lo comentaba al término del acto.
Un político de Mieres muy conocido de los 90, que ya no está entre nosotros, decía que la política era aguantar al estilo Raphael, “digan lo que digan”. Dicho de otra manera, que quien asume una concejalía debe saber disfrutar lo bueno, encajar lo malo y no preocuparse ni dedicar un minuto de su tiempo a chorradas y/o burradas sin sentido como la que dijo este hombre hace unos días. Que sí, que lo ideal sería que no hubiera machirulos que pensasen que las mujeres solo valen para fregar. Ni idiotas que usen ese argumento cavernícola para crispar. Pero los hay. Y lo mejor es hacer como si no existieran. No hacer aprecio, según el dicho.
Nuria es nueva en estos caminos de la política local y quiero lanzarle desde aquí un consejo extensible a todos los políticos: deben afectarles lo menos posible los comentarios destructivos que se vierten sobre ellos y sus políticas. Todo lo que no sea constructivo, como si no existiese.
La política local parece fácil, pero no lo es. Puede causar tanta o más ansiedad que la nacional y se cuentan por varios los casos de ediles que acabaron tocados anímica y psicológicamente tras pasar por el consistorio. Entre quienes gobernaron y en la oposición. Y me consta que los hay que no repetirían experiencia ni por todo el oro del mundo. Yo, el primero, que por haberlo sido puedo afirmar que muchas veces es una de las labores más desagradecidas que hay.
Recuérdenlo, ediles del presente y del futuro, hay que tirar para adelante “digan lo que digan”.
ELCARABA

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