Hay personas que, sin haber nacido en Mieres, acaban siendo tan o más de aquí que muchos de los que sí que han venido al mundo en estos lares. Buen ejemplo de ello fue Juan Luis Nepomuceno.
Juan Luis Nepomuceno nació en la ciudad alemana de Duisburg en 1965. Allí se encontraban sus padres, ella gallega y él andaluz, por razones laborales, y desde allí se trasladaron a Badajoz cuando nuestro protagonista era un niño. Su infancia no fue fácil, con un padre que maltrataba a su mujer y a sus hijos. "Cuando lo vi ser llevado por dos policías tras una brutal agresión, vi que podía ser una buena profesión", confesaba, sobre su decisión de entrar en el cuerpo, en 2016 en una entrevista con Justo Braga. También influyó la escasez económica de su madre, que limpiaba portales para mantener a sus cinco hijos. "No podía seguir estudiando, aunque me hubiera gustado", reveló. Entre los gustos de aquel joven destacaba uno: el teatro. El luego inspector de policía hizo sus pinitos como actor en distintos montajes en Extremadura e, incluso, hizo el casting para Los santos inocentes, de Mario Camus.
Aprobó las oposiciones de acceso al cuerpo con veinte años, tras prepararse con un sargento extremeño. Después de su paso por la Escuela de Policía Nacional de Ávila, puso rumbo a Cádiz para hacer su periodo de prácticas.
De Cádiz se desplazó a Bilbao, a donde llegó poco después de la tregua de Argel, en 1988. El fracaso de las conversaciones entre ETA y el Gobierno de Felipe González tuvo como consecuencia el recrudecimiento de la violencia en el País Vasco. Nepomuceno la sufrió de cerca: ETA mató a uno de sus mejores amigos, el compañero que lo había animado a irse al País Vasco. "No perdono", explicaba en una entrevista que nos concedió en 2010.
Tras unos años por tierras vascas, pasó por Madrid y en el 2003 fue trasladado a Mieres. En su nuevo destino formó parte del área de Participación Ciudadana. "Sentí miedo la primera vez que me tocó dar una charla en un instituto, en un aula llena de adolescentes", rememoraba, con humor, en la ya citada entrevista de 2016. En Mieres redescubrió su gusto por la literatura y puso en marcha Filo de Espada, un blog en el que publicaba poemas y reflexiones. También retomó su afición por el teatro y la fotografía, como miembro de la Asociación Semeya, en la que trabó una gran amistad con César Sampedro. Fue, asimismo, colaborador de Radio Parpayuela y La Nueva España.
En Mieres conoció, además, a la madre de su única hija, Alba.
Convertido en subinspector de la Policía Científica, en 2017 le fue diagnosticado un cáncer agresivo que lo apartó de su profesión. Durante su lucha contra la enfermedad publicó dos poemarios: Versos a degüello (2018) y Del amor que nunca es (2020).
El 13 de febrero de 2021 su vida se apagó para siempre. "Fotógrafo, comediante, ripiador de versos, bloguero, tertuliano y un poco canalla, finalizó su estancia en el Universo, el día 13 de febrero, a los 55 años de edad, ateo irredento y completamente alérgico a cualquier sacramento. Vivió al filo de la espada, amó mucho más que odió y alguna cosa dejó escrita. Su pareja, su hija, familiares, compañeros y amigos les ruegan en su nombre que, de recordarlo, lo hagan con una leve sonrisa", dejó escrito para su esquela.
Ilustran esta entrada un autorretrato de nuestro protagonista en 2016 y la presentación de su primer poemario, en 2018, conducida por la poeta mierense Patricia Suárez. Fotografía de Ediciones Camelot.


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