En los años 50, una película de Berlanga, titulada Bienvenido, Mister Marshall, retrató perfectamente lo anacrónico que era el pueblo español ante la llegada de cualquier extranjero. Esa anacronía se ha visto en Mieres en los últimos tiempos, no ante la llegada de un extranjero, sino de Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo.
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| El arzobispo, en la parroquia de Santa María de Cuna. Foto de la propia parroquia |
Antes de seguir, un iniciso, y es que firma estas líneas una persona católica, creyente y cada vez menos practicante por el devenir que está tomando la Iglesia en este concejo. En vez de avanzar con el calendario, se retrocede. Estoy seguro que ni don Nicanor ni don Luis ni don Manuel ni don Orestes ni don Ramiro ni ninguno de los sacerdotes que marcaron a mi generación se hubieran prestado al circo que han organizado algunos de los sacerdotes actuales para hacer con el arzobispo su particular versión del Bienvenido, Mister Marshall.
Sanz Montes ha participado en una gira dividida en dos partes, una en marzo y otra en abril, que lo ha llevado a visitar todas las parroquias de los valles de Turón y Cuna, amén de Santa Cruz, Ujo y Figaredo. El efecto que el extranjero despertaba en el pueblo de la película es el mismo que el arzobispo despierta entre esta hornada de curas y algunos feligreses, que no todos. Es inconcebible que la Iglesia mierense se preste a dar palmas y celebrar la visita de un arzobispo anticlerical, que en vez de unir, divide, y que en vez de predicar, politiza cada una de sus homilías con opiniones personales que debería alejar de todo culto. Estoy seguro de que don Nicanor, por coger a uno de los que mencionaba antes, se habría llevado las manos a la cabeza si le proponen traer de gira a un hombre con este perfil. Y que don Manuel, por coger a otro, no habría envuelto la visita en la parafernalia en la que la han envuelto, con carteles y fotografías en las redes sociales. No viene el cardenal Tarancón, que dialogaba y unía a católicos y no católicos, viene Sanz Montes, el que tildó de dictador al presidente del Gobierno, el que criticó la llegada de inmigrantes, el que negó el dolor de una joven violada que se había quedado parapléjica, el que no fue capaz de pedir perdón, como sí lo hicieron otros arzobispos, a las víctimas de abusos sexuales por parte de miembros del clero.
Vino de gira, en suma, un hombre que está rompiendo la Iglesia asturiana por dentro y que, lo peor de todo, cuenta con un nutrido grupo de sacerdotes que lo avalan, entre ellos varios de los que llevan diferentes parroquias del concejo. Vino un hombre que ha hecho que muchos católicos nos planteemos muchas cosas en contra de la propia Iglesia. Vino un hombre que no debería haber venido y menos con el bombo y platillo que se le dio a la visita. Lo dicho, más que una visita pastoral fue un Bienvenido, Mister Sanz Montes.
Fernando Menéndez
(Mieres)
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