PEQUEÑAS SEMBLANZAS DE GRANDES MIERENSES: Pilar Cenera

La enseñanza en Mieres no puede entenderse sin una larga nómina de maestros y maestras, profesores y profesoras, que impartieron docencia dentro y fuera de nuestras fronteras. Una de ellas fue Pilar Cenera Lorenzo.


Pilar vino al mundo en Mieres en el año 1896. Nacida en el seno de una familia de clase media, con otros cuatro hermanos, Pilar fue una niña que disfrutaba estudiando y ayudando a quienes no tenían ni las capacidades ni los recursos que tenía ella. Quizás por eso, tuvo clara su vocación: ser maestra. Para ello, estudió Magisterio en Oviedo y, con apenas veinte años, se convirtió en maestra de la Real Compañía Asturiana de Minas. Su primer destino fue Villabona, entonces uno de los puntos neurálgicos de la minería asturiana, acrecentado por el paso del moderno ferrocarril.
Para aquel entonces, Pilar contraía matrimonio con un joven mierense, cuyo nombre aparece en algunas fuentes como José y, en otras, como Juan. Sea como fuere, su matrimonio duró poco, ya que él falleció al cabo de una década por silicosis. Tuvieron cuatro hijos, dos de ellos hombres de la Iglesia: uno, sacerdote, y otro, misionero, que perdió la vida en Zimbabue. Siguieron los pasos de Juan, uno de los hermanos de Pilar, sacerdote durante muchos años en Gijón y Villaviciosa.
Interesada en dar el salto a las escuelas del Estado, Pilar se incorporó en los años 40 a una lista de interinos que la llevó a recorrer Cantabria. En 1950 se traslada a Aragón: en Huesca obtiene su plaza fija, la escuela rural mixta de Berbusa. En este pueblo, hoy abandonado, ejerció su labor entre 1950 y 1958. Al borde de la jubilación, pidió traslado a Espuéndolas, cerca de Jaca. Allí culminó su labor docente en 1964. Tenía 68 años.


Tras jubilarse, volvió a Asturias y a su Mieres natal. La pista de Pilar se pierde en los archivos a comienzos de la década de los 90. A finales de los 80 fallecía su hermano Juan. En 1993 moría su hermano Óscar, el más pequeño de los cuatro. Las necrológicas de uno y otro advierten de que Pilar se fue entre ellos, discreta, como lo fue en vida, dejando su recuerdo en la memoria de aquellos alumnos y alumnas que formó durante décadas.

Ilustran esta entrada una fotografía de Pilar, en el centro, arropada por sus hijos, y su firma, al frente de una cartilla del complemento alimenticio dispensado en los colegios durante los años 50. Ambos materiales han sido extraídos del artículo «Doña Pilar, la maestra que vino de las minas», de Enrique Satué-Oliván, publicado en 2018 en la revista Serrablo, nº 180 (pp. 14-19).

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