“Somos partidarios de gestionar
directamente los servicios públicos, como hicimos con la basura o las piscinas
de Vega de Arriba”, aseguraba Manuel Ángel Álvarez, vicealcalde,
hace unos días, al hilo de la posible remunicipalización del servicio de aguas,
al tiempo que la rechazaba por falta de personal.
A comienzos de marzo, un servidor alertaba del cierre de la Oficina Municipal de
Información al Consumidor tras la jubilación de sus responsables. Un cierre
vendido como “temporal” pero que no pintaba nada bien para un servicio que el
Consistorio llevaba prestando desde hace casi dos décadas, gratuito para los
mierenses y que funcionaba bastante bien: en torno al 70% de las reclamaciones
eran resueltas de manera favorable a los consumidores a través de la mediación
que la Oficina llevaba a cabo entre consumidores y empresas o, en segunda
instancia, con los arbitrajes de la Junta Arbitral de Consumo del Principado de
Asturias.
Ya entonces, hace casi dos meses, se
escuchaban rumores de la llegada al concejo de la Unión de Comerciantes de
Asturias, un ente privado con vocación de servicio público, que, efectivamente,
se instaló en un local de la calle La Vega, justo enfrente del que durante
muchos años ocupó la Oficina. La Unión de Comerciantes lleva a cabo los
servicios que prestaba la Oficina y alguno que otro más, pues tiene facultades
para acudir a la vía judicial. A la Unión de Comerciantes es
posible acudir sin ser socio, pero existe la posibilidad de serlo, pagando 78
euros anuales.
Izquierda, el local de la Unión de Consumidores. Derecha, la Oficina, "cerrada temporalmente"
Quiero que quede claro que no tengo
nada en contra de la Unión de Consumidores, que lleva 25 años haciendo un
trabajo estupendo. Sí tengo que mostrarme crítico en la forma en la que se ha
gestado la llegada a Mieres de la Unión de Consumidores. Para empezar, el
Ayuntamiento ha colaborado en esa llegada, con un apoyo económico de alrededor de 20.000 euros para
futuras campañas de concienciación. La llegada de la Unión de Consumidores se
ha vendido como una “potenciación del soporte a los consumidores”, una
“potenciación” que se hace aportando dinero y medios a una entidad privada
cuando el propio Ayuntamiento disponía de un servicio público que podían haber
potenciado, valga la redundancia. Muchas de las Oficinas Municipales de
Información al Consumidor de Asturias llevan a cabo campañas de concienciación,
junto a los servicios de Consumo del Principado. ¿Por qué no haberlo hecho en
la de Mieres? ¿Dónde queda eso de que “somos partidarios de gestinar
directamente los servicios públicos como hicimos con la basura o las piscinas
de Vega de Arriba”? ¿Tampoco disponía el Ayuntamiento de personal para atender
la Oficina, teniendo en cuenta que estaba al cargo de dos trabajadores que,
dicho sea de paso, desempeñaban también funciones en el ámbito de Medio Rural?
Todo apunta a una privatización encubierta y que no deja de ser sorprendente al
tenor de las palabras del vicealcalde. Me asombra aún más que los grupos de la
oposición, y especialmente Somos Mieres, firmes defensores de lo público, hayan
guardado silencio.
Sin tener que decantarse por una u
otra, Oficina y Unión podrían haber convivido perfectamente, como lo hacen en
Oviedo, Gijón y Avilés, las tres ciudades en las que la Unión de Consumidores
tiene sede.
¿Qué futuro le espera a la Oficina, la
pública? Parece que el olvido, la nada. Aunque en la puerta aún se lea lo de
“cerrada temporalmente”, en la Casa de Cultura, donde estaba desde hace unos,
se han eliminado prácticamente todas las referencias que había sobre el
servicio, incluida una pequeña placa en la fachada principal con esa especie de
asterisco que sirve de logotipo de este servicio público.
Nada. Consumo ha echado el cierre.
Bievenida sea la Unión.
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