Toda ciudad que se precie tiene
lugares a evitar a no ser que sea imprescindible pasar por ellos. No
necesariamente tienen porque ser lugares inseguros, pueden ser simplemente
lugares insalubres, como el paso subterráneo del puente La Perra, uno de esos lugares
a evitar que tenemos en Mieres.
Supongo que muchos de ustedes lo
habrán pasado alguna vez. E imagino que, como me pasó a mí hace unos días, se
toparían con olores nada agradables en el mejor de los casos. En el peor, se
toparían además con las fuentes de esos olores, que suelen ser heces, orina,
basura o las tres anteriores juntas. Ahora menos, pero hace quince o veinte
años era habitual ver también jeringuillas por allí tiradas. Aunque haya
hablado del subterráneo, lo que acabo de decir es extensible también a los
descansillos que lo preceden y lo siguen. Eso, si se pasa de día. Pasarlo de
noche es algo aún menos aconsejable. Dudo mucho de que con las pelusas que
tienen los focos den algo de luz y sí, el lugar tampoco es que inspire mucha
seguridad.

Es un muerto que seguriá ahí durante
generaciones y generaciones. Cuando yo comenzaba a ir a Oviedo en tren en casa
siempre me decían que evitase el subterráneo. Ahora soy yo quien se lo digo a mis
sobrinos, e imagino que en unos años se lo diré a mis hijos y a los hijos de
mis hijos.

Álvarez
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