Siempre que pasa el mes de mayo me hago la misma pregunta… ¿cuántos meses de mayo harán falta para que alguien se acuerde del antiguo hospital Álvarez Buylla? Sí, aquel que empezó a quedar sin uso en un cada vez más lejano mes de mayo de 2014.
Doce meses de mayo después, el antiguo Álvarez Buylla sigue ahí, en Muries, siendo la sombra de lo que fue. Totalmente saqueado y devorado por la maleza, apenas se divisa desde la explanada del tanatorio. Si se contempla desde Aguaín, la imagen es aún más desoladora. Un esqueleto en medio de la nada, sobre el que la naturaleza avanza, reclamando sus derechos sobre un terreno olvidado, que tiene dueño pero que, a la vez, parece no ser de nadie.
En enero de 2025 la prensa anunciaba que el Principado iba a encargar un estudio para el derribo. De hecho, esta web y otros medios se hicieron eco de que la demolición iba a empezar "lo antes posible". Un año y medio después, nada ha vuelto a saberse ni del estudio de los arquitectos gijoneses que iban a elaborarlo. Por supuesto, ni una piqueta se ha atrevido a entrar en el recinto, si es que tiene por donde acceder, con todas las rampas absorbidas por la maleza.
Algo se hizo mal para desaprovechar el potencial de un edificio que se iba a quedar vacío. Y se sabía que no tendría uso desde que comenzaron los planes de construcción del nuevo hospital, allá por el 2005. De hecho, es el claro ejemplo de que unos por otros, la casa sin barrer: en 2005 los populares plantearon la construcción de pisos tutelados para mayores; en 2010, la Izquierda Unida de Álvarez Payo hizo lo propio, y se trasladó al Principado, con el beneplácito del PSOE, y en 2011 fue Aníbal Vázquez quien volvió a plantearlo. Tiempo después, con el hospital ya abandonado, Somos Mieres propuso convertirlo en un centro de cuidados paliativos. Sin embargo, no se ha hecho nada.
A falta de ver si algún arquitecto se pronuncia y en qué quedan los planes de derribo, queda una mínima esperanza de dotar de uso al Álvarez Buylla. Las comparaciones son odiosas, pero el colegio de La Salle, en Turón, recobrará vida como espacio con pisos tutelados para mayores. Digo que son odiosas, porque La Salle tuvo un mantenimiento, en manos de distintos colectivos del valle, del que careció el viejo Álvarez Buylla.
Doce meses de mayo después, el hospital en el que nacimos miles de mierenses es un muerto que no molesta, que no genera titulares, que no da pie a ideas, del que parece haberse olvidado la ciudadanía y la clase política. Ya no parece ni interesar su derribo. ¡Qué pena!
Álvarez

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